LA CARTA SIN NOMBRE

"La palabra "muerte" es un mero nombre, carente de un hecho que le corresponda. Pues muerte significa "destrucción"; y nada el Cosmos es destruido. Pues visto que el Cosmos es el segundo Dios, y un ser inmortal, es imposible que una parte de ese ser inmortal muera; y todas las cosas que hay en el Cosmos son parte del Cosmos". (Extracto de "Un discurso de Hermes Trismegisto".)

Yahvé presentó ante Adán todo lo que había creado en el Mundo Arquetípico para que lo nombrara y de ese modo viniera al Mundo de la Formación; así, lo que no tiene nombre y por tanto no puede ser nombrado, no existe.

La carta XIII del Tarot, el siniestro esqueleto de la guadaña que relacionamos con la muerte no tiene nombre, y es así porque acabamos de ver que la muerte, en el sentido absoluto que la entendemos no existe.

La muerte no es sino un cambio de estado que de ningún modo tiene que ver con la extinción.

Dice Hermes: "El Cosmos es un instrumento de la voluntad de Dios; y fue hecho por él con este fin, de modo que, habiendo recibido de Dios las semillas de todas las cosas que le pertenecen, y manteniendo estás semillas dentro de sí, pudiera llevar todas las cosas a la existencia real. El Cosmos produce la vida en todas las cosas por su movimiento; y descomponiéndolas, renueva las cosas que han sido descompuestas; pues, al igual que un buen campesino, les da la renovación sembrando la semilla. No hay nada en lo que el Cosmos no genere la vida; y es a la vez el lugar en el que se halla contenida la vida y el hacedor de la vida."

No nos recuerda de algún modo a un campesino en la operación de la siega el arcano XIII? No por nada el Arte recibe también a veces el nombre de Agricultura Celeste.

Con su guadaña retira los despojos de la individualidad, despojos que son los múltiples "yoes" reflejos de la luz sublunar que sucediéndose ininterrumpidamente unos a otros crean una falsa imagen de unidad reteniendo al ser interior auténtico en un laberinto de espejos del que es difícil salir sin ayuda; ayuda que sólo puede ser obtenida a través de la iniciación y de la influencia espiritual por ella transmitida que nos brindará los guías necesarios y los medios apropiados.

Por otro lado el suelo negro sobre el que parecen flotar o hundirse, depende del punto de vista, los miembros de los personajes reales, no es sino la fértil tierra de Egipto; la materia de la Obra que contiene la auténtica vida.

El color negro nos advierte, no obstante, que se trata de una materia en putrefaccíón, recordándonos que la vida sólo puede surgir de la muerte.

Cuando un ser ha llegado al final de sus posibilidades en un determinado estado de manifestación sólo cabe la regeneración; regeneración que pasa necesariamente por el abandono de todo aquello que no constituyen sino meros accidentes contingentes, necesarios para la manifestación en un determinado plano; accidentes que de ningún modo constituyen la verdadera Personalidad.