SIMBOLOGIA ALQUIMICA DEL DELFIN (I)

El presente trabajo no es más que una compilación de lo que Fulcanelli ha identificado como el delfín dentro del ámbito de la Gran Obra. Dependerá pues del lector y del estudioso de la alquimia, el resul tado de sus conclusiones. El autor de este trabajo sólo pretende dotar de cierto orden las opiniones que Fulcanelli en sus dos obras otorga al delfín como símbolo hermético. Más también, como ayuda a la interpretación, se aconseja la utilización del diccionario mito-hermético de Dom Pernety.

El misterio de las catedrales: Bourges Cap. II

El cinturón de Offerus aparece prespunteado a rayas entrecruzadas, semejantes a las que presenta la superficie del disolvente cuando ha sido canónicamente preparado.Tal es el signo que todos los filósofos admiten para señalar, exteriormente, la virtud, la perfección y la extraordinaria pureza intrínsecas a su sustancia mercurial. Hemos dicho y repetimos aquí que todo el trabajo del Arte consiste en animar este mercurio has ta que aparezca revestido del signo indicado.Y los autores antiguos llamaron a este signo Sello de Hermes, Sal de los Sabios (empleando Sal por Sello), cosa que ha llevado la confusió n a la mente de los investigadores, marca y huella del Todopoderoso, firma del Este y también Estrella de los Magos, Estrella Polar, etc.

Esta disposición geométrica subsiste y aparece con mayor claridad cuando se ha puesto el oro a disolver con el mercurio para volverlo a su primitivo estado. El del oro joven o rejuvenecido; en una palabra Oro niño. Por esta razó n el mercurio fiel servidor y sello de la tierra recibe el nombre de Fuente de juventud. Los filósofos hablan pues con toda claridad, cuando enseñan que el mercurio, una vez efectuada la disolución, lleva el niño, el hijo del Sol, El pequeñ o Rey (Roitelet) como una verdadera madre, ya que efectivamente el oro renace en su seno. "El viento que es el mercurio alado y volátil lo ha llevado en su vientre" nos dice Hermes en su Tabla Esmeralda.

Volvemos a encontrar la versión secreta de esta verdad positiva en la Galette de Reyes, que suele comerse en familia el día de la Epifanía, fiesta célebre que evoca la manifestación de Jesucristo niñ o a los Reyes Magos y a los gentiles. Según la Tradición, los Magos fueron guiados hasta la cuna del Salvador por una Estrella, la cual fue para ellos el signo anunciador, la buena nueva de su nacimiento. Nuestra galette está signada como la propia materia, y contiene en su pasta el niñito conocido popularmente con el nombre de bañista. Es el niño Jesús llevado por Offerus, el servidor o el viajero, es el Oro en su baño, el bañ ista; el haba, el zueco, la cuna, o la cruz de honor, y es el pez que nada en nuestro mar filosófico, según la propia expresión del Cosmopolita (Cosmopolita o Nouvelle Lumiere chymique. Traité du Sel 1669).

El pez es el jeroglífico de la piedra de los filósofos en su estado primitivo, porque la piedra, como el pez nace en el agua y vive en el agua. En las basílicas bizantinas Cristobal aparece a veces representado como las sirenas, con cola de pez. Entre las pinturas de la estufa alquímica ejecutada en 1702 por P. H Pfau (museo de Winterthur. Suiza), vemos un pescador con caña sacando del agua un hermoso pez.

Otras alegorías recomiendan pescarlo con ayuda de una red o de una malla, lo cual es imagen exacta de las mallas formadas por hilos cruzados y esquematizados en nuestras galettes (la expresión popular avoir de la galette equivale a ser afortunado. El que tiene la suerte de encontrar el haba en el pastel ya no tendrá falta de nada; jamás carecerá de dinero. Ser dos veces rey, por la ciencia y por la fortuna. La galette equivale a nuestro roscón de reyes de la Epifanía. En casa de una familia amiga, donde fuimos invitados a comer el pastel de Reyes, vimos en la co rteza un roble con las ramas extendidas, en vez de los rombos que en ellas figuran de ordinario, el bañista había sido sustituído por un pez de porcelana, y este pez era un lenguado (sole) (lat. sol, solis, el sol). El famoso pez del Cosmopolita, llamado por él, Echineis, es el ursino (echinus), el osezno, la osa menor, constelació n en que se encuentra la estrella polar. Las conchas de ursinos fósiles, que se encuentran en abundancia en todos los terrenos, presentan una cara radiada en forma de estrella. Por esto Limojón de Saint Didier recomienda a los investigadores que orienten su rumbo "mirando a la estrella del Norte". Este pez misterioso es el pez real por excelencia, el que lo encuentra en su porción de pastel es investido con el título de rey. Antigua mente dábase el nombre de pez real al Delfín, al esturión, al salmón, y a la trucha, porque, según decían eran especies reservadas para la mesa del rey. En realidad esta denominación tenía únicamente carácter simbólico, ya que el hijo primogénito de los Reyes, el heredero de la corona, llevaba siempre el título de Delfín, nombre de un pez, de un pez real, es por lo demás un delfín, lo que los pescadores en barca del Mutus Liber tratan de capturar con sedal y con anzuelo.

Son igualmente delfines los peces que observamos en diversos motivos ornamentales de la Mansión Lallemant. El ictus griego de las catacumbas romanas tiene el mismo origen. Martigny (Dictionnaire des Antiquites Chretiennes) reproduce una curiosa pintura de las catacumbas que representa un pez nadando en las olas y llevando sobre el lomo una cesta, que contiene unos panes y un objeto rojo de forma alargada, que es tal vez un vaso lleno de vino.

La cesta que lleva el pez constituye el mismo jeroglífico representado en la galette de Reyes, ya que está confeccionada con mimbres entrecruzados. La cesta de Baco, llamada Cista que llevaban las Cistó foras en las procesiones de las bacanales y en la cual nos dice Fr. Noel (Dictionaire de la Fable 1801) estaba encerrado cuanto había de más misterioso. Incluso la pasta de la galette está de acuerdo con las leyes del simbolismo tradicional. Esta pasta es hojaldrada y nuestro pequeño bañista está inserto en ella a la manera de las señales de los libros.

Sendivogius nos da a conocer que el mercurio preparado tiene el aspecto y la forma de una masa pedregosa, desmenuzable y hojaldrada. Si la observáis bien, advertiréis que toda ella forma como hojas. En efecto, las lá minas cristalinas que componen sus sustancia se encuentran superpuestas como las hojas de un libro; por esta razón ha recibido los epítetos de tierra hojosa, tierra de hojas, libro de las hojas etc. Así vemos la primera materia de la obra, ora abierto, ora cerrado, según que haya sido trabajada o simplemente extraída de la mina. En ocasiones cuando el libro se representa cerrado lo cual indica la sustancia mineral en bruto no es extrañ o verlo cerrado con siete cintas, són las marcas de las siete operaciones sucesivas que permiten abrirlo, al romper cada una de ellas cada uno de los sellos que lo mantienen cerrado.

Tal es el gran libro de la naturaleza, que enseña en sus páginas la revelación de las ciencias profanas y la de los misterios sagrados. Su estilo es sencillo y su lectura fácil siempre que uno sepa donde encontrarlo, lo cual es muy difí cil, y sobre todo de que se sepa abrir, lo cual es todavía más laborioso.

Las moradas filosofales: Libro segundo "El maravilloso grimorio del castillo de Dampierre" Cap. IV, primera serie, Artesón 2.

...Un secreto importante, la preparación del Sujeto hermético o materia prima y el de la obtención del Azufre, primun ens de la piedra. \par El mineral bruto que se extrae de la mina es la tierra de los sabios que contiene en sí el espíritu activo y escondido que es capaz de "realizar por estas cosas los m ilagros de una sola cosa" (Hermes, Tabula Smaragdina), Es Danae, (del dorio Tierra y soplo, espíritu).

La materia prima es una parcela del caos original. Es Acrisio rey de Argos y padre de Danae (del griego, confusión, desorden, bruto, inculto, inacabado). Zeus, señala el cielo, el aire y el agua. Los griegos para expresar la lluvia decí an "TEl o Zeus", Júpiter envía lluvia, o llueve. Por lo que Zeus es la personificación del agua, de un agua capaz de penetrar los cuerpos, de una agua metálica puesto que es de oro o, al menos dorada.

Es exactamente el caso del disolvente hermético, el cual tras fermentar en un barril de encina, toma en la decantación el aspecto del oro líquido. La unión de Danae (tierra de los sabios) y Zeus (agua) indica cómo debe ser ap licado el disolvente. El cuerpo reducido a fino polvo y puesto en digestión con una pequeña cantidad de agua, es, a continuación, humedecido he irrigado poco a poco, a medida que se va absorbiendo técnica ésta que los sabios llaman imbibici ón.

Se obtiene así una pasta cada vez más blanda que se vuelve siruposa, oleosa y por fin, fluída y limpia. Sometida entonces, en ciertas condiciones a la acció n del fuego, parte de ese licor se coagula en una masa que cae al fondo y que se recoge con cuidado. Ese es nuestro precioso azufre, el niño recién nacido, el reyecito y nuestro delfín, pez simbólico llamado echeneis, ré mora o piloto, Perseo o pez del mar rojo.

Las moradas filosofales: Libro segundo "El maravilloso grimorio del castillo de Dampierre" Cap. IV, primera serie, Artesón 5.

La fase más delicada del trabajo es cuando la primera coagulación de la piedra, untuosa y ligera aparece en la superficie y flota sobre las aguas. Es preciso entonces redoblar la precaución y la prudencia en la aplicación del fuego, sino se quiere enrojecerla antes de tiempo y precipitarla. Al comienzo se manifiesta bajo el aspecto de una pelí cula delgada que muy pronto se rompe, cuyos fragmentos desprendidos de los bordes se apartan y, luego, se sueldan se espesan y adquieren la for ma de un islote llano (la isla del cosmopolita), animada de movimientos giratorios y sometida a continuas traslaciones.

Esta isla no es más que otra figura del pez hermético nacido del mar de los Sabios -nuestro Mercurio que Hermes llama "mare patens"-, el piloto de la obra, primer estado sólido de la piedra embrionaria. Unos lo han llamado echeneis y otros delf ín con idéntica razón, porque si el echeneis pasa, en la leyenda, por detener y fijar los navíos más fuertes, el delfín, viene del griego, "matriz" y el mercurio es llamado por los filósofos, el receptá culo y la matriz de la piedra.

Las moradas filosofales: Libro segundo "El maravilloso grimorio del castillo de Dampierre" Cap. VII, cuarta serie, Artesón 1.

La piedra está compuesta de los cuatro elementos unidos mediante una poderosa cohesión, en un estado de equilibrio natural y perfecto. Estos cuatro elementos se resuelven en tres principios que el artista prepara y junta segú n las reglas del arte, teniendo en cuenta las condiciones requeridas. Esos elementos primarios, representados en nuestro artesón por el mar, (agua), roca (tierra), cielo (aire) y los querubines (luz, espí ritu, fuego) se reducen a sal, azufre y mercurio, principios materiales y tangibles de nuestra piedra. De estos principios d os se consideran simples, (el azufre y el mercurio) porque se encuentran combinados naturalmente en el cuerpo de los metales. Uno solo, la sal, aparece constituído en parte por sustancia fija y en parte de materia volátil.

En química las sales, formadas por un ácido y una base, revelan, por su descomposición, la volatilidad de uno lo mismo que la fijeza de la otra. Como la sal participa, a la vez, del principio mercurial por su humedad fría y volá til, (aire), y del principio mercurial por su sequedad ígnea y fija (fuego), sirve, pues, de mediador entre los componentes azufre y mercurio de nuestro embrión. Gracias a su cualidad doble, la sal permite realizar la conjunción, que serí a imposible sin ella, entre ambos antagonistas, progenitores efectivos del reyezuelo hermético. Así los cuatro elementos primeros se hayan juntos dos a dos en la piedra en formación, porque la sal posee en sí el fuego y el aire necesarios para la unión del azufre-tierra y del mercurio agua.

Las moradas filosofales: Libro segundo "El maravilloso grimorio del castillo de Dampierre" Cap. VIII, quinta serie, Artesón 2.

Cyrano pone en escena dos seres fantásticos que figuran al Azufre y el Mercurio nacidos de los cuatro elementos primarios: La Salamandra sulfurosa, que se complace en m edio de las llamas, simboliza el aire y el fuego, del cual el azufre posee la sequedad y el ardor ígneo y la Rémora, campeón mercurial, heredero de la Tierra y del Agua por sus cualidades frías y hú medas. Salamandra viene del griego "sal y establo".

Es la sal del establo, la sal de orina de los nitrales artificiales, el salitre de los viejos espagiristas. -Sal petri, sal de piedra- que también designaban al dragón, Rémora, en griego echeneis, el famoso pez que pasaba por detener (segú n algunos) o dirigir (según otros) los navíos que navegaban por los mares boreales, sometidos a la influencia de la Estrella del Norte.

Es el echeneis del que habla el Cosmopolita, el delfín real que los personajes del Mutus Liber se esfuerzan por capturar. El echeneis es el piloto de onda viva, nuestro Mercurio, el amigo fiel del alquimista. El que debe absorver el fuego secreto, la energía secreta de la salamandra y, en fin, mantenerse estable, permanente, siempre victorioso bajo la salvaguarda y la protecció n de sus maestros.

Estos dos principios, de naturaleza y tendencias contrarias, de complexión opuesta, manifiestan entre sí una antipatía y una aversió n irreductibles. En presencia uno de otro, se atacan furiosamente, se defienden y el combate no cesa sino por la muerte de uno de los antagonistas.

Fulcanelli comenta el combate de la salamandra con el carámbano o Rémora (de Cyrano. Aconsejo su lectura).

Las moradas filosofales: Libro segundo "El maravilloso grimorio del castillo de Dampierre" Cap. X séptima serie, Artesón 3.

Un símbolo antiguo y a menudo explotado. El delfín enroscado en el brazo de un áncora marina.

El pez, delfín, echeneis o rémora desempeña un papel importante en el teatro alquímico. Caracteriza el principio húmedo y frío de la obra, que es nuestr o Mercurio, el cual se coagula poco a poco en contacto y por efecto del azufre, agente de desecacion y de fijeza. Este último es aquí figurado por el ancla marina, órgano estabilizador de los naví os, a los que asegura un punto de apoyo y de resistencia al esfuerso de las ondas.

La larga operación que permite realizar el empaste progresivo y la fijación final del Mercurio ofrece una gran analogía con las travesías marítimas y las tempestades que las acogen. La ebullición constante y regular del compuesto herm ético, representa, en pequeño, una mar agitada y encrespada. Las burbujas se rompen en la superficie y se suceden sin cesar. Pesados vapores cargan la atmósfera del recipiente y las nubes inquietas, opacas y lí vidas oscurecen las paredes y se condensan en gotitas que fluyen por la masa efervescente. Da la sensación de una tempestad a tamaño reducido.

Levantada por todos lados, sacudida por los vientos, el arca flota, sin embargo, bajo la lluvia diluviana. Asteria se dispone a formar Delos (isla) tierra hospitalaria y salvadora de los hijos de Latona (tonel). El delfí n (arca) nada en la superficie de las olas impetuosas, y esta agitación dura hasta que la rémora, huesped invisible de las aguas profundas, detenga al fin como un ancla poderosa, el navío qu e va a la deriva. Entonces, renace la calma, el aire se purifica, el agua se borra y los vapores se reabsorven, una película cubre toda la superficie y espesándose y afirmándose cada dí a marca el final del diluvio, el estado de encallamiento del arca, el nacimiento de Diana y Apolo, el triunfo de la tierra sobre el agua y de lo seco sobre húmedo y la época del nuevo Fénix.

En la conmoción general y el combate de los elementos se adquiere esta paz permanente, la armonía que resulta del perfecto equilibrio de los principios, simbolizados por el pez fijado en el ancla: sic tristis aura resedit. Este fenó meno de absorción y coagulación del mercurio por una proporción muy inferior de azufre, parece ser la causa primera de la fábula de la rémora, pececillo al que la imaginación popular y la tradición hermética atribuí an la facultad de detener en su camino los mayores navíos.

Las moradas filosofales: Libro segundo "El maravilloso grimorio del castillo de Dampierre" Cap. X, séptima serie, Artesón 8.

El armiño: del griego sima, abismo, el mar, el océnao, a veces simplemente el agua de nuestra madre, es decir, de la materia primitiva y caótica llamada sujeto de los sabios. Los maestros nos enseñan que su mercurio segundo, esta agua pó ntica, agua permanente la cual, contrariamente a los cuerpos líquidos, "no moja las manos", y su fuente fluye al mar hermé tico. Para obtenerla, dicen, conviene golpear tres veces la roca, a fin de extraer de ella la onda pura mezclada con el agua grosera y solidificada, generalmente representada por bloques rocosos que emergen del océano. El vocablo armiñ o en griego expresa especialmente "todo cuanto habita en el mar". Despierta al espíritu ese pez escondido que el mercurio ha captado y retiene entre las mallas de su red. Es el pez que la antigua costumbre de la fiesta de Reyes nos ofrece unas veces bajo su forma (lenguado, delfín) y otras el aspecto del bañista o del haba, disimulados en las láminas hojaldradas de la galleta tradicional. El armiño, puro y blanco aparece as í como un emblema expresivo del mercurio común unido al azufre-pez en la sustancia del mercurio filosófico.

Las moradas filosofales: Libro segundo "Los guardias de escolta de Francisco II, duque de Bretaña" Cap. IV

La sirena, monstruo fabuloso y símbolo hermético, sirve para caracterizar la uníón del azufre naciente que es nuestro pez, y del mercurio común llamado virgen, en el mercurio filosófico o sal de sabidurí a. El mismo sentido nos lo suministra la galleta de Reyes a la que los griegos daban el mismo nombre que a la luna: palabra formada por los vocablos "brillo" y "luz solar", había sido escogida por los iniciados para mostrar que el mercurio filosó fico obtiene su brillo del azufre, como la luna recibe su luz del sol. Una razón análoga hizo atribuir el nombre de sirena, al monstruo mítico resultante de la unión de una mujer y de un pez,. "sirena" té rmino griego contracto que procede de sol y de luna, indica asimismo la materia mercurial lunar combinada con la sustancia sulfurosa solar. Es pues, una traducción idént ica a la del pastel de Reyes, revestido del signo de la luz y de la espiritualidad, -la cruz-, testimonio de la encarnació n del rayo solar emanado del Padre Universal en la materia grave, matriz de todas las cosas, y terra innanis et vacua de la Escritura.

Gran Enciclopedia Larousse:

Delfín: (latín delphinum, griego delphis) mamífero... que vive en los mares templados y cálidos.

Icon.: En la iconografia cristiana, el delfín simboliza el amor, la diligencia y la velocidad, y se le representaba enlazado a un ancla. Es también símbolo de la migración de las almas, a las que, segú n creencia muy antigua, transportaba sobre el dorso.

Dauphin.: En Francia, el delfín ocupaba, después del Rey, el primer rango honorífico del reino. En tiempo de Luis XIV, el delfín era llamado habitualmente "monseñor".

Delphine.: Dragón que guardaba la fuente de Delfos, distinto a la serpiente pitón, matada por Apolo en este mismo lugar.

Los Enigmas secretos de la Alquimia. Bernard Roger:

El sentido de la palabra latina rémora, que procede directamente del griego remoror (retrasar, retener, detener), se completa por el de su sinónimo griego echeneis, de Ekho (retener, fijar) y Naus (nave). El términos Echeneis se empleaba tambi én para designar un ancla, instrumento destinado a fijar las naves para impedir que vayan a la deriva.

Animo a los lectores y estudiosos de este Gran Arte Sagrado a que participen también en el estudio de la simbología alquímica a través de compilaciones como la del presente trabajo. Entre todos la luz se manifestará y quizá s una sonrisa tierna ilumine nuestro corazón.

Por siempre buscadores.

Dauphin Rouge [email protected].



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