SIMBOLOGIA ALQUIMICA DEL DELFIN (II)

Continuo, para los amantes de nuestro sagrado Arte, con la compilación sobre el delfín.

Los Enigmas secretos de la Alquimia. De Bernard Roger

....declara Fulcanelli: "el azufre filosófico considerado como el Dios y el animador de la Gran Obra revela, mediante sus acciones, una energía formadora comparable a la del Espí ritu divino". Tradicionalmente, el azufre, representa al agente "macho, activo y fijo, complementario del mercurio, calificado como hembra, pasivo y volátil".Todo el arte dice Fulcanelli, queda resumido en descubrir la semilla, azufre o núcleo metálico, en introducirlo en una tierra específica o mercurio, y luego en someter esos elementos al fuego, según un régimen de cuatr o temperaturas crecientes, que constituyen las cuatro estaciones de la obra.

Efectivamente, todos los Adeptos han dado a su arte el nombre de agricultura celestial, porque se trata exactametne de cultivar esa semilla de origen celestial en una tierra apropiada...El grano, el azufre de los alquimistas, cuya extracción, que seg ún Filaleteo constituye el eje del arte, es el objeto de la segunda obra, del mismo modo que la preparación del mercurio es el de la primera.

...En la obra mineral, la minúscula semilla debe ser separada de la masa mercurial, que Fulcanelli define como el círculo místico en el que el azufre, embrión del mercurio, marca el punto central alrededor del cual completa su rotació n, trazando de ese modo el signo gráfico del Sol, padre de la luz, del espíritu y del oro, dispensador de todos los bienes terrenales.Ese hijo poderosísimo y pequeñísimo, es el pequeño rey de la Obra, minúsculo con respecto al volumen del mercurio del que se extrae.

También es, en el drama de ls bodas químicas, el novio. Fulcanelli lo compara a cierto pez negruzco, al que los griegos denominaban korax, que también designa un cuervo. Pero se identifica mucho más a menudo con la rémora, ese famoso pez, dice el Adepto, del que se decía que paraba (segú n unos) o dirigía (según otros) los barcos que navegaban por los mares boreales, sometidos a la influencia de la estrella del Norte. Es precisamente ese pez el que conviene pescar en el Mar de los Filósofos.

Diccionario mito-hermético de Dom Pernety:

Red para pescar. Los químicos herméticos han dado este nombre a su Imán, porque atrae y coge a su Acero, como una red al pescado. Esta red ha de entenderse de la fijació n, que detiene y fija las partes nadadoras que revolotean en el agua mercurial, a la que los filósofos llaman su Mar. Este Mar alimenta al pez Ré mora o Echeneis, del que hablan el Cosmopolita y D'Espagnet, es decir el grano fijo del oro de los sabios.

Es el grano fijo de la materia, el verdadero agente interno, que actúa, digiere, y cuece su propia materia mercurial en la que se encuentra escondido.

Las moradas filosofales. El mito alquímico de Adan y Eva:

Los "hijos de ciencia" a quienes su perseverancia ha conducido al dintel del santuario saben que tras el conocimiento del disolvente universal -madre única que toma la personalidad de Eva-, nada hay más importante que el del azufre metálico primer hijo de Adán, generador efectivo de la piedra, el cual recibió el nombre de Caín. Pues Caín significa adquisición, y lo que el artista adquiere en primer lugar es el perro negro y rabioso del que hablan los textos, el cuervo, primer testimonio del Magisterio.

También, según la versión del Cosmopolita, el pez sin huesos, echeneis o rémora "que nada en nuestro mar filosófico", y a propósito del cual Jean Joachim d'Estinguel d'Ingrofont ((1) Jean-Joachim d'Estinguel d'Ingrofont, Traitez du Cosmopolite nouvellement découverts. París, Laurent d'Houry, 1691. Carta II, pá gma 46) asegura -que "poseyendo una vez el pececillo llamado Rémora, que es muy raro, por no decir único en esta gran mar, ya no tendréis más necesidad de pescar, sino sólo de pensar en la preparación, sazonamiento y cocción de ese pececillo". Y aunque sea preferible no extraerlo del medio en que habita -dejándole para sus necesidades bastante agua a fin de mantener su vitalidad-, quienes tuvieron la curiosidad de aislarlo pudieron verificar la exactitud y la veracidad de las afirmaciones filosóficas.

Se trata de un cuerpo minúsculo -habida cuenta el volumen de la masa de donde proviene-, con apariencia exterior de una lenteja biconvexa, a menudo circular y en ocasiones elíptica. Con aspecto terroso más bien que metálico, este ligero botón, infusible pero muy soluble, duro, quebradizo, friable, negro en una cara y blancuzco en la otra, violeta al romperse ha recibido nombres diversos y relativos a su forma, a su coloración o a ciertas particularidades químicas.

Es el prototipo secreto del bañista popular del zapato de los reyes, el haba (......, parónimo de .....; negro azulado), el sabot. (.....) ((2) Véase anteriormente (pág. 22) y El misterio de las catedrales, Plaza & Janes (pá g. 55), lo que se dice acerca de este juguete de nino en cuanto objeto principal del ludus puerorum. (Se trata de un trompo de corte cru ciforme, zumbador, que los monaguillos de la catedral de Langres echaban fuera del recinto sagrado a latigazos en la ceremonia llamada flagelación del Aleluya.) -N. del T.es también el capullo (........) y su gusano, cuyo nombre griego, ....., que tanto se parece al de zueco, procede de .......; que expresa, precisamente, el ruido de un trompo en rotación. Tambié n se llama al pececillo negruzco chabot (gobio), de donde Perrault sacó su Chat botté (el gato con botas) y al famoso marqués de Carabás (de ....., cabeza, y ......., rey) de las leyendas hermé ticas caras a nuestra juventud y reunidas bajo el título de cuentos de mi madre la Oca. Finalmente, es el basilisco de la fábula -.....-, nuestro régulo (regulus, reyezuelo) o reyecito (.....), la zapatilla de cebellina (porque es blanca y gris) de la humilde Cenicienta, el lenguado, pescado plano, cada una de cuyas caras está coloreada de manera distinta y cuyo nombre se relaciona con el Sol (en francés sole; en latín sol, solis), etc. En el lenguaje oral de los adeptos, no obstante, este cuerpo apenas se designa con otro término que con el de violeta, primera flor que el sabio ve nacer y expansionarse, en la primavera de la Obra, transformando en color nuevo la verdura de su jardín...Pero aquí creemos que debemos suspender esta enseñ anza y guardar el prudente silencio de Nicolas de Valois y de Quercetano, los únicos, que nosotros sepamos, que revelaron el epíteto verbal del azufre, oro o sol hermético.

Las moradas filosofales. La salamandra de Lisieux.

La combinación de ambas materias iniciales, una volátil y la otra fija, da un tercer cuerpo, mezclado, que marca el primer estado de la piedra de los filósofos. Tal es el grifo, mitad águila y mitad león, sí mbolo que corresponde al cesto de Baco y al pez de la iconografía cristiana. Señalar que el grifo lleva en lugar de una melena de leó n, o de un collar de plumas, una cresta de aletas de pez.

Este detalle es importante, pues si se trata de provocar el encuentro y de dominar el combate, es preciso aún descubrir el medio de captar la parte pura, esencial, del cuerpo producido de nuevo, la única que nos sea útil, es decir, el mercurio de los sabios.

Los poetas nos cuentan que Vulcano, al sorprender en adulterio a Marte y Venus, se apresuró a rodearles con su red, a fin de que no pudieran escapar a su venganza. Igualmente los maestros nos aconsejan emplear también una red delicada o sutil para captar el producto que va apareciendo. El artista pesca metafóricamente, el pez mí stico y deja el agua vacía, inerte y sin alma: el hombre en esta operación debe matar al grifo. Grifo en grigo significa tener el pico curvo, pero tambié n enigma y red.

Se advierte de este modo que el animal fabuloso contiene, en su imagen y en su nombre el enigma hermético más ingrato de descifrar , el del mercurio filosofal, cuya sustancia, profundamente escondida en el cuerpo, se coje como el pez en el agua, con ayuda de una red apropiada.

Basilio Valentin:

"He nacido de Hermógenes, Hiperión me ha elegido. Sin Jamsuf estoy condenado a perecer."

Hemos visto cómo, y a raíz de qué reacción, nace el grifo, el cual proviene de Hermó genes o de la primera sustancia mercurial. Hiperión, en griego ......, es el padre del Sol, y es él quien desprende, fuera del segundo caos blanco, formado por el arte y figurado por el grifo, el alma que tiene encerrada, el espí ritu, fuego o luz escondida, y la lleva por encima de la masa, bajo el aspecto de una agua clara y límpida: -Spiritus Domini ferebatur super aguas. Pues la materia preparada, la cual contiene todos lo s elementos necesarios para nuestra gran obra, no es más que una tierra fecundada en la que reina aún alguna confusión; una sustancia que tiene en sí la luz esparcida, que el arte debe reunir y aislar imitando al Creador. Es preciso que mortifiquemos y descompongamos esta tierra, lo que equivale a matar el grifo y a pescar el pez, a separar el fuego de la tierra, lo sutil de lo espeso "suavemente, con gran habilidad y prudencia", según enseña Hermes en su Tabla de esmeralda.

Tal es el papel químico de Hiperión. Su mismo nombre, formado por ...., contracción de ...., encima, y ......, sepulcro, tumba, que tiene la misma raíz que ....., tierra, indica aquello que está por encima de la tierra, por encima del sepulcro de la materia. Se puede, si se prefiere, elegir la etimologí a por la que ....., derivaría de ......, encima, y ......, violeta.

Los dos sentidos tienen, entre sí, una concordancia hermética perfecta, pero no damos esta variante más que para orientar a los novicios de nuestra orden, siguiendo en esto la palabra del Evangelio: "...Porque al que tiene se le dará y abundará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará." (1) (1) Mateo, XXV, 29 Lucas, VIII, 18 y XIX, 26, Marcos, IV: 25. (El fragmento reproducido ha sido tomado de Mateo, versión Nacar. Colunga.)-N. del T.

La alquimia explicada sobre sus textos clásicos. Eugène Canseliet:

Sucede que existe alguna analogía, entre la copelación espagírica y la sublimación que hemos examinado y que se sitúa en medio de la Gran Obra; en este sentido pues, de que ambas libran finalmente un botó n de retorno. Ciertamente, la expresión nos parece vulgar, en su aplicación al trascendente trabajo cuyo admirable resultado, y minúsculo en verdad, tuvo por consecuencia acrecentar la reacción de prudencia de los autores, incluso de los má s clásicos sobre este punto particular.

Esta pastilla de retorno, diremos, en consecuencia, como los metalúrgicos, es, en todo caso, el pequeñísimo individuo mineral y filosófico, que será el germen de nuestro huevo fecundado.

Fulcanelli fue, con seguridad, el primero en exponernos claramente la paciente constitución de este rendimiento del ser mineral organizado. El nos indicó el medio de recoger este embrión, al final de las á guilas o sublimaciones, de las que acabamos de hablar nos otros mismos, cuando, bajo la accion del fuego, la pasta obtenido se fluidifica y abandona lo que los alquimistas cristianos llamaban su pez, en recuerdo del ichthys de las catacumbas romanas.

El Adepto examinaba, en el castillo de Dampierre-surBoutonne, e l delfín que se enrolla sobre el asta de un ancla marina y que remata la divisa de una filacteria en pórtico:SIC. TRISTIS. AURA. RESEDIT. Asi se apaciguó el espantoso viento. Completó entonces, lo que ya nos habla señalado de este coagulum o rémora mitológica: "Agitada por todos lados, zarandeada por los vientos, el arca flota no obstante bajo la lluvia diluviana. Asteria se apresta a formar Delos, tierra hospitalaria y salvadora de los hijos de Latona.

El delfín nada en la superficie de las olas impetuosas, y esta agitación dura hasta que la rémora, huésped invisible de las aguas profundas, detiene finalmente, como una poderosa ancla, el naví o que iba a la deriva. La calma renace entonces, el aire se purifica, el agua desaparece, los vapores se reabsorben. Una película cubre toda la superficie, y, espesándose, consolidá ndose cada dia, marca el fin del diluvio, la etapa de aterrizaje del arca, el nacimiento de Diana y de Apolo, el triunfo de la tierra sobre el agua, de lo seco sobre lo húmedo, y la época del nuevo Fénix."

Mas resumámosnos inmediatamente, y seamos breves, a fin de ser bien comprendidos. El huevo de los filósofos está constituido de los dos resultados que han sido reservados al final de las obras primera y segunda. De una parte, la bella sal obt enida del caput, gracias al agente de licuación, designado en toda lógica; de la otra, el botón de retorno o rémora, extraído de la tierra, bajo las subidas y descensos de las grandes mareas del mercurio.Añ adamos, de entrada, netamente y sin rodeos, que el vaso de la vía húmeda no es el mismo que el de la vía seca. Para la primera el compuesto es introducido en un matraz de vidrio que le es del todo extrañ o; para la segunda, del compuesto muy diferente, se desprenderá la pared que asegurará la protección.Instrucción de un padre a su hijo acerca del árbol solar. Anónimo...

Esto bastará al Filósofo para conocer nuestra Tierra virgen y discernirla de la tierra vulgar.A fin de enseñarte a reconocerla bien, sin ningún error, te digo una vez más que nuestra materia no es más que una tierra, pero no aquella sobre la que andamos; má s bien es aquella que está suspendida sobre nuestra cabeza y que los Sabios llaman su Tierra virgen foliada, que desde el principio del mundo es tierra y que por lo tanto, jamás fue tierra. Es el elemento que elemento la tierra y le ha dado su origen; en pocas palabras, es la muy noble Tierra de los Sabios.

El padre es el Sol y la madre, la Luna. Digo que es una grasa mineral, una noble esencia espiritual y corporal con la que se prepara el verdadero Mercurio de los Sabios. A decir verdad, es el Mercurio común de los Sabios, pero no el mercurio vulgar del vulgo. Es la bendició n del cielo que sale de esta Tierra celeste, porque es regada e impregnada con la virtud celeste del cielo estrellado. Esta preciosa materia puede ser buscada y adquirida en las cavernas, en el llano y en las montañ as.

En efecto se encuentra en cualquier lugar sobre la tierra habitable, pero hay que tomarla antes de que la vea el Sol.Cuando tengas verdadero conocimiento de está materia única, extraerá s de ella el Mercurio de los Sabios, la Tierra virgen de los Sapientes, la preciosa Sal de la Naturaleza, el Agua viva perpetua de los Hijos de la Sapiencia, de donde separarás el Oro y el Azufre metálico, para hacer con él un fuego raro, muy secreto e incombustible. Pero lo que te digo es, por lo general, imposible de descubrir y experimentar, p or más que sea la Materia verdadera y ú nica de la Piedra de los Sabios, si no es revelada fielmente por un amigo que la conozca.Lo que tomamos para preparar la Obra filosófica no es sino el pequeño pez Echeneis, desprovisto de sangre y espinas, que está oculto en la regió n profunda del centro del gran Mar del Mundo. Este pez, que es muy pequeño, es único en su forma, en tanto el mar es grande y vasto, por eso es imposible que lo alcancen aquellos que ignoran en qué parte del mundo habita.

Puedes creerme enteramente cuando te digo que jamás encontrará la materia de la Piedra de los Sabios quien, según Teofrasto-, no sea experto en el Arte de atraer la Luna del firmamento y hacerla descender del cielo a la tierra para transformarla en agua y después en tierra.Una de estas cosas, pero, no es tan difícil de hacer como de encontrar. Cuando decimos fielmente algunas palabras al oí do de un amigo verdadero, mostramos este oculto secreto de los Sabios, a saber, cómo se puede asir de un modo natural el pequeño pez llamado Rémora, capaz de detener a los orgullosos navíos en su curso por el gran mar Océano (que es el Espíritu del mundo). Pero quienes no forman parte de los Hijos del Arte, absolutamente ignorantes, no han conocido los preciosos tesoros, ocultados por la Naturaleza en el Agua de vida celeste y preciosa de nuestro Mar.

Pero para transmitirte la clara luz de nuestra materia única, o de nuestra Tierra virgen, y para enseñarte cómo se puede adquirir este Arte supremo de los Hijos de la Sabiduría, es preciso que te instruya previamente acerca del Imán de los Sabios, que tiene el poder de atraer al pequeñ o pez Echeneis, o Rémora, del profundo centro de nuestro Mar. Si es asido de modo conforme a la Naturaleza, se transforma primero, y de modo natural, en agua, después en tierra y ésta, preparada como conviene por el ingenioso secreto de los Sabios, tiene el poder de disolver todos los cuerpos fijos para volverlos volátiles, y de purgar a todos aquellos que estén envenenados. Esta práctica está contenida en pocas palabras al final de este pequeño Libro.

Dauphin Rouge [email protected].



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