HERMETISMO CRISTIANO SEGÚN LOUIS CATTIAUX R. AROLA |
1. La Piedra filosofal
Para profundizar sobre el contenido hermético del cristianismo, proponemos en este artículo el estudio del libro XXV del Mensaje Reencontrado(1) de Louis Cattiaux, dedicado a este tema. La perspectiva en la que se sitúa el autor, nos aparta del dédalo de palabras y conceptos que confunden los espíritus, sin aportar nada respecto a la actualización del misterio. En una de sus cartas, Louis Cattiaux plantea las ideas básicas que después analizaremos detenidamente, escribe:
Los cristianos predican la muerte de Cristo, pero ninguno es realmente consciente del misterio de la resurrección. La Iglesia acepta la muerte mística de los santos, pero rechaza la resurrección hermética del sabio adepto, oponiéndolas, sin darse cuenta de que uno precede y engendra al otro y que el Cristo muerto en la cruz es el mismo que resucita gloriosamente. El místico engendra al adepto, al igual que la oruga, al morir, se convierte en crisálida y seguidamente en mariposa. Desgraciadamente, Cristo es casi el único salido de la crisálida de la muerte; lo que no es razón para negar o rechazar esto al considerarlo posible solamente en el juicio final, como hacen muchos religiosos y predicadores mal instruidos. El Libro XXV está dedicado a poner todo esto en claro, y es muy importante, pues estamos llegando al alba del tercer día cósmico, en el que la resurrección empezará a manifestarse en el mundo.(2)
El libro XXV lleva por título LA PIEDRA,(3) aludiendo
claramente a sentido fundamental de la ciencia hermética, pues,
tal como explica Pernety "el gran arte, la gran obra, la
obra de la Piedra filosofal, el magisterio de los sabios, son
todas expresiones sinónimas de la ciencia hermética",(4)
así pues, el hermetismo enseña, utilizando el lenguaje
alquímico, el misterio según el cual la culminación de la
búsqueda de Dios y de su obra se denomina Piedra filosofal.
Las consideraciones que durante el Renacimiento llevaron a
designar la figura de Hermes Trismegisto como el creador de la
ciencia hermética, han suscitado todo tipo de especulaciones y
discusiones, en las cuales de ningún modo quisiéramos
participar,(5) puesto que lo importante es justamente lo que se
esconde detrás de esta "leyenda": Hermes es el dios de
la palabra, de la iniciación y revela a los hombres las
operaciones secretas que los convertirán en inmortales, tales
son sus funciones en la mitología clásica, y, además, ejerce
de "psicopompo", es decir, conduce durante la noche las
almas de los muertos a través del Hades, para que con su ayuda
lo puedan atravesar y así alcanzar los campos Elíseos. La
ciencia hermética conduce al hombre a su salvación y a la
unión con los dioses o Elohims. Desde esta perspectiva, no hay
duda, el hermetismo es trascendente y no simplemente
cosmológico.(6)
La obra hermética parte de la idea de que nada ha sido creado
definitivamente, en su estado final. Todo se ha creado a partir
de la prima materia y por medio del fuego filosófico del arte de
la Alquimia se transforma en su materia final. Así, Alquimia
significa: llevar a su fin algo que no está acabado.
Uno de los más grandes cabalistas cristianos del Renacimiento,
Blaise de Vigénere, en su Tratado del fuego y de la sal, explica
que los hermetistas, utilizando el lenguaje alquímico, enseñan
el misterio del nuevo nacimiento o resurrección y no solamente
la manera de fabricar oro o crisopeya; he aquí sus palabras:
Cosa admirable es que estos Filósofos químicos, bajo el velo y la cobertura de este arte, tratando de las cosas materiales como los metales y lo que de ellos depende, con sus transmutaciones por el fuego, hayan comprendido los más altos secretos de los inteligibles, e incluso de la resurrección, a lo cual parece esto referirse, en la cual los cuerpos serán glorificados.(7)
Como hemos apuntado, es por medio del fuego central que se
realizan las operaciones que conducen a un cuerpo nuevo e
imperecedero. Se trata de un fuego que purga y que fija, que
separa lo puro de lo impuro y gracias a esta separación se puede
manifestar el cuerpo sin mácula. La diferenciación entre el
cuerpo animal y el cuerpo glorioso es fundamental, y se ha de
subrayar para que no se confundan, e igualmente, para recoger el
testigo de la tradición universal que insiste en que la
deificación no es solamente un estado espiritual, sino que
también es una manifestación corporal. Escribe al respecto
Emmanuel d'Hooghvorst: "El espíritu sin cuerpo no puede
adquirir el saber sensible de Hermes".(8)
Paracelso escribió un interesante tratado sobre estos dos
cuerpos titulado La Filosofía sutil; en el segundo capítulo de
dicha obra explica "cómo se debe entender que el hombre
está compuesto de un cuerpo mortal y de un cuerpo
inmortal", y de él recogemos los siguientes fragmentos:
La carne mortal debe ser abandonada, ya que sólo la carne vivificante, la que resucitará, entrará en el reino de los cielos; tenemos mucho que decir sobre esta nueva criatura o creación. Si debemos conocer completamente lo que somos, también debemos explicar la nueva generación, a fin de que sea completa y seriamente explorada la cuestión, a saber: quién es el hombre en todas las cosas, de qué proviene y qué es. Todo esto será claramente expuesto a fin de que se comprenda bien quién es el hombre, lo que es y lo que puede llegar a ser. [...] La carne de Adán no sirve para nada. Es así desde el principio: el nuevo alumbramiento nace de la Virgen y no de la mujer. [...] El hombre debe ser, pues, carne y sangre para la eternidad. Por ello la carne es doble: la adámica, que no sirve para nada, y el Espíritu Santo, que hace la carne viva: éste se encarna de arriba y dicha encarnación es causa de su retorno al cielo a través nuestro. [...] El hombre debe renacer una segunda vez de la Virgen, por el agua y el espíritu, y no de la mujer. El espíritu, en efecto, vivifica esta carne en la que no hay muerte, ni siquiera posibilidad de muerte. En cuanto a esta carne en la que está la muerte, no es de ninguna utilidad y no confiere nada al hombre para la salvación eterna. Por esta razón, el hombre renace y recibe otra carne del espíritu que es eterno, y esta carne circulará en el reino de Dios, como lo hace sobre la tierra la carne mortal; la virtud de esta carne también lo hará distinto y más excelente de lo que fue la descendencia de Adán.(9)
Los hermetistas han identificado inequívocamente, aunque no siempre de un modo explícito, a Jesucristo con la Piedra filosofal, es decir, el final definitivo y perfecto de la Creación. Leemos al respecto en el Acuario de los sabios:
Ya desde el comienzo del mundo los ancestros, los santos patriarcas y, después de ellos, todos los hombres iluminados por Dios, esperaron con toda la fuerza de su deseo esta piedra probada, bendita y celeste: JESUCRISTO; sus más ardientes plegarias iban dirigidas a que Dios se dignara comunicarles, también a ellos, a Cristo, bajo su forma corporal y visible. [...] Esta piedra celeste y bendita ha sido dada por Dios a todo el género humano, tanto a ricos como a pobres, gratuitamente, sin ningún mérito por parte de nadie. Aunque pocos hombres, desde el comienzo hasta nuestros días, hayan podido descubrirla y comprenderla en este mundo, no obstante, subsiste en todos los tiempos, siempre oculta, como pesada piedra de tropiezo y de escándalo para la mayoría de los humanos.(10)
A partir de identificación de Cristo con la Piedra filosofal,
podemos hablar del sentido hermético del cristianismo y, a su
vez, de la necesaria relación existente entre el hermetismo y el
esoterismo, pues si bien el hermetismo no constituye una doctrina
tradicional completa, sin duda fundamenta todas las doctrinas.
Antoine Faivre explica que el hermetismo propone que "más
allá de las formas religiosas exteriores, la divinidad está en
el hombre",(11) y que ésta se manifiesta con la muerte del
hombre viejo y el nacimiento del hombre nuevo. En muchas
tradiciones, sobre todo la hebrea y la islámica, se ha tenido
sumo cuidado en no confundir el hombre viejo con el hombre nuevo,
pues si así acontece, se cae inevitablemente en la peor de las
idolatrías, y para evitar tal equivocación nunca hablan
abiertamente de la divinización del hombre, aunque
indiscutiblemente este sea el fundamento del esoterismo y el
sentido de por qué este secreto se guardaba en estricto
silencio.
El apóstol Pablo predicaba durante sus viajes en las sinagogas
que iba encontrando, para anunciar a los judíos que según sus
propias Escrituras, "el Ungido debía padecer y resucitar de
entre los muertos"(12) y que éste era el Cristo Jesús que
él anunciaba. Según Pablo en los textos del Antiguo Testamento
ya se enseñaba el misterio de la muerte y la resurrección, como
el sentido más profundo de la revelación mosaica. En el sagrado
Corán el enviado de Dios dice a María: "Yo soy sólo el
enviado de tu Señor para regalarte un niño puro".(13)
El cristianismo nació como una escuela esotérica dentro de la
tradición hebrea, pero en la actualidad, sólo se han conservado
los ritos y las manifestaciones exteriores del misterio central
que identificaba a Cristo con la Piedra filosofal, de manera que
fácilmente se puede caer en la idolatría. Por esto, para
comprender el sentido hermético del cristianismo se debe, en
primer lugar, intentar comprender su origen. Sobre él se ha
escrito mucho, aunque al final las explicaciones racionalistas
parecen apoderarse de todas las justificaciones. Ante ello, la
opinión de René Guénon nos importa especialmente, pues lo
contempla estrictamente desde la perspectiva tradicional. En un
célebre fragmento comenta:
Lejos de ser la religión o la tradición exotérica que conocemos actualmente bajo este término, en sus orígenes el Cristianismo tenía, tanto en sus ritos como en su doctrina, un carácter fundamentalmente esotérico y por consiguiente, iniciático. Encontramos confirmación de ello en que la tradición islámica considera al Cristianismo primitivo propiamente como una tariqah, es decir, una vía iniciática y no como una shariyah o legislación de orden social dirigida a todos; lo cual es tan cierto que posteriormente se tuvo que suplir esta falta con la constitución de un derecho "canónico" que en realidad no fue más que una adaptación del antiguo derecho romano, o sea, algo que vino enteramente del exterior y no un desarrollo de lo que estaba contenido en el Cristianismo en sí.(14)
Y en otro lugar, aunque siguiendo la misma línea de pensamiento, escribe en relación a la actualidad del misterio cristiano:
No parece dudoso que el Cristianismo original tenía sobre todo los caracteres de un esoterismo, no es menos cierto que los perdió muy pronto, sean cuales hayan sido las razones, y que los ha llegado a perder de una forma tan completa que el Catolicismo, especialmente, en su estado actual, es el exoterismo más rígido y el más exclusivo que se pueda concebir, hasta tal punto que sus representantes niegan expresamente la existencia de todo esoterismo, de lo cual quizás no hay ejemplo en ninguna otra tradición (los mismos judíos no niegan la Cábala incluso cuando reconocen no comprender nada o no querer ocuparse de ella). Por supuesto que ello no impide que exista el sentido profundo y esotérico, pero está completamente fuera del dominio de la religión cristiana como tal.(15)
Ante la última afirmación de Guénon cabe preguntarnos,
cuál es el sentido profundo y esotérico que todavía existe,
tan explícitamente negado por el exoterismo "rígido y
exclusivo". Creemos que es en el propio ritual de la misa de
los fieles donde se puede encontrar el vínculo con la Gran Obra
alquímica y, según nuestro planteamiento, el "sentido
profundo", pues justamente aquí se encuentra el sentido
esotérico del cristianismo, reservado en la Antigüedad
solamente a los iniciados.
Emmanuel d'Hooghvorst escribe lo siguiente sobre la relación el
misterio de la Gran Obra y la misa
La misa tradicional católica era como un recuerdo de la Gran Obra. Después del bello canto del Prefacio: Dignum et justum est, aequum et salutare..., cantado por el sacerdote sólo y que introducía el misterio del Señor, la muchedumbre contestaba a coro cantando: Sanctus, sanctus, sanctus Dominis Deus Sabaoth, 'Santo, santo, santo es el Señor Dios Sabaoth'. Quien es Cristo. Este triple sanctus estaba puntuado con tres golpes de campanilla agitada por el monaguillo, para recordar el sonido metálico corporal de la manifestación del Verbo divino, y en el campanario, la campana de bronce empezaba también a sonar. Asimismo, en el momento de la consagración del pan y el vino, cuando el sacerdote elevaba la forma, y luego el cáliz, la campanilla del monaguillo sonaba igual que la campana de la iglesia.(16)
Muchos buscadores han intentado encontrar alguna escuela que,
de modo secreto dentro de la Iglesia, haya mantenido vivo el
conocimiento de su tesoro, pero sólo se ha entrevisto algún que
otro vestigio, como las sociedades que conoció
Charbonneau-Lassay: la Fraternité des Chevaliers du Divin
Paraclet y L'Estoile Internelle que dentro de la Iglesia
católica han mantenido el carácter secreto e iniciático desde
el siglo XV.
2. El reencuentro con el misterio
Para reencontrar el tesoro que la Iglesia ha transmitido,
parece inevitable que primero se profundice en su contenido,
intentando apartarse de las trampas de todo tipo que nos tiende
la historia, pues, el misterio de la encarnación la muerte y la
resurrección crística, es intemporal y desde esta perspectiva
es necesario contemplarlo. La lectura atenta del libro XXV del
Mensaje Reencontrado, nos puede ayudar.
Estamos hablando de una obra muy especial. Está escrita en forma
de aforismos o versículos dispuestos en dos columnas; se
acostumbra a leer primero el versículo de la columna de la
izquierda, que representa la tierra, y después el de la derecha,
que representa el cielo. Aparentemente la sucesión de
versículos no tiene ninguna relación entre sí, sin embargo,
una cábala secreta los teje. En ningún momento las relaciones
son deductivas, se trata de afirmaciones o preguntas
intencionadas que impiden cualquier intento de situarlas en
coordenadas históricas concretas, pues sólo tiene valor la
experiencia que llena de sentido las palabras.
El libro XXV, como los otros treinta y nueve que forman el
conjunto, va precedido por dos epígrafes. El primero es una cita
del Corán, que dice: "El libro que has recibido del cielo
aumentará la ceguera de muchos de ellos, pero no te alarmes por
la suerte de los infieles" y el segundo de los Evangelios:
"Yo he venido a este mundo para un juicio, a fin de que los
que no ven vean y los que ven se vuelvan ciegos". Las
palabras coránicas recibidas del cielo, así como las
pronunciadas por Jesús son dos maneras de expresar el origen
revelado de las auténticas religiones, aunque las circunstancias
históricas y la idiosincrasia de los enviados sea distinta. La
revelación siempre es la misma, en ella está la salvación,
fuera de ella sólo puede encontrase la muerte.
El Mensaje Reencontrado enseña el misterio hermético que como
todos los misterios iniciáticos, se basa principalmente en los
siguientes puntos, resumidos por Carlos del Tilo:
1. La naturaleza divina, la Divinidad, es un ser
incognoscible, innominada.
2. El mundo está gobernado por unas potencias que rigen al
hombre.
3. Éste lleva encerrado en sí mismo una simiente divina, una
partícula de lo divino, de lo superior.
4. Esta partícula debe ser liberada para que el hombre vuelva a
su morada celeste. Hay que morir para renacer.
5. Por sí mismo el hombre no puede lograr esta finalidad;
necesita un redentor, un salvador, que haya realizado esta
resurrección reanudando la cadena de la Tradición Primordial.
Tal figura está representado por el hierofante o iniciador que
transmite al neófito el secreto de su liberación. Es el
bautismo del renacimiento.(17)
Las palabras del Mensaje Reencontrado recuerdan al hombre
actual que, por si mismo, no puede ser salvado, necesita de la
ayuda del cielo. En las primeras vísperas del domingo de
Pentecostés los monjes cantan el famoso himno Veni, Creator
Spiritus, que empieza diciendo: "Ven, Espíritu creador,
visita las alma de los tuyos, llena de la gracia celeste los
pechos que tu creaste. Tú eres llamado Paráclito, don del Dios
altísimo..."
En El Mensaje Reencontrado no son motivo de atención la moral,
la poesía, los ritos o la historia, ni, sobre todo, las
realizaciones intelectuales, por ello está escrito en el
versículo segundo: "Todas las realizaciones intelectuales
son ilusorias, porque no expulsan la agonía de la muerte que nos
estrecha aquí abajo". "Sólo la encarnación palpable
del Señor de vida puede liberarnos de todo mal y de toda
muerte".(18) La revelación divina sirve para conducir a los
hombres hacia su salvación y su regeneración, como se advierte
en otro aforismo: "Las religiones establecidas por los
hombres nos proponen la desencarnación en la eternidad del
limbo. La religión revelada de Dios nos propone la encarnación
en la eternidad de la vida manifestada".(19)
Las religiones reveladas nos proponen la presencia real de Dios
entre los hombres, y sólo la experiencia de esta presencia
constituye la gnosis hermética, y la posibilidad de salvación,
de nada sirven las organizaciones ni los esfuerzos del hombre. En
el versículos 4 leemos lo siguiente:
"¡Oh, los bellos discursos! ¡Oh, los sutiles
pensamientos! ¡Oh, el sabio edificio! ¡Oh, la vacuidad del
espíritu! ¡Oh, la sabiduría del vacío! ¡Oh, la trascendencia
de la nada!" y enfrente: "El sol y la luna nos
iluminan, la lluvia y el rocío nos riegan, pero nadie comprende
la prodigiosa doctrina de Dios que basta para todo".(20)
En la iconografía tradicional encontramos una enseñanza
directamente relacionada con el significado de estos dos
versículos. Según la tradición procedente de Egipto, la manera
de representar doctrina(21) era mediante la imagen del rocío
venido del cielo y el sol iluminando. Cesare Ripa la describe de
la siguiente manera:
Mujer de edad madura vestida con ropas de color morado, que está sentada con los brazos abiertos, como si quisiera abrazar a alguien. Ha de sostener un cetro con la diestra, en cuyo remate se ha de ver un sol, teniendo un libro abierto en el regazo. Y se ha de ver además cómo cae del Cielo sereno gran cantidad de rocío [...]. El cetro, sobre el que aparece un sol, es signo del dominio que tiene la doctrina sobre los horrores de la noche y la ignorancia. El que esté cayendo del Cielo gran cantidad de rocío simboliza a la misma doctrina.(22)
El libro abierto en el regazo es el símbolo de la enseñanza
de los sabios, la puerta de la sabiduría, la corporificación de
la doctrina sutil que viene del cielo en forma de rocío, es el
Espíritu creador. Según Emmanuel d'Hooghvorst de este
"dulce rocío nocturno, santamente recogido, crece la gnosis
de los filósofos y de los poetas instructores de los
pueblos".(23) El rocío nocturno revela y despierta al oro
terrestre que, al igual que el libro de la imagen propuesta por
Ripa, contiene la doctrina. Para los filósofos alquímicos el
rocío es la verdadera primera materia, pues transporta el fuego
del Alma del Mundo, que fecunda a la Virgen, hace madurar la
Piedra en su seno y después la alimenta. Daniel Stolcius comenta
que el alquimista Melchor Cibinensis, "aunque fue sacerdote,
prodigó el oro, ha escrito la Piedra bajo la forma de una misa.
Que cada cual juzgue por sí mismo si ha hecho bien. Esta Piedra
de leche pura debe ser sustentada como un frágil bebé, en
primer lugar amamantado".(24)
En el versículo 17' del libro XXV que estamos estudiando, El
Mensaje Reencontrado insiste sobre el sentido de la
"doctrina que viene del cielo" en contraposición a las
filosofías humanas; dice así: "Las filosofías de hombre
no son más que arreglos con el mundo donde agonizamos; son
incapaces de devolvernos la vida pura del comienzo. Más vale
ignorarlo todo que obstaculizar con pretenciosas explicaciones la
doctrina del cielo que nos resucita milagrosamente". Frente
a este versículo está escrito: "Los clérigos han
oscurecido la revelación prodigiosa del Único Esplendor de
vida, pero la han conservado intacta, mientras que los ignorantes
que han salido de ella han amputado y desfigurado la revelación
profunda del secreto de la encarnación salvadora.
"Corresponde a los creyentes ahondar en el tesoro guardado,
en vez de acostarse encima"".(25)
El tesoro conservado por la Iglesia está en los textos, los
símbolos y los ritos que rememoran el misterio de su fundador,
el ungido de Dios, por ello en el versículo 47 se lee: "La
iglesia del Señor de vida nos es querida y preciosa como la
piedra sobre la cual está fundada, y rogamos a Dios para que sus
representantes vuelvan a la simplicidad de aquel que la ha
establecido".(26) Volver, pues, a realizar la Gran Obra, tal
es la opción para actualizar las enseñanzas de la Piedra
fundadora, tal como está expresado en el versículo de la
derecha: "Esto debe abrir los ojos a muchos de los que se
aferran vanamente a las ruinas muertas y no ven el corazón vivo
de su fundación".(27) Por ello, dentro o fuera de la
Iglesia, lo que realmente importa es poder estar en contacto con
algún sabio hermético que haya experimentado el secreto de
Dios, es decir, la muerte y resurrección crística.
Veamos a continuación los aforismos que siguen al versículo 17,
que hemos citado anteriormente, pues aunque a primera vista
parece que nada tengan que ver con el tesoro guardado por la
Iglesia, una lectura más atenta nos mostrará claramente su
relación. Los citamos en dos columnas, según la disposición
original:
18. El santo se desencarna de la muerte del mundo. El sabio se reencarna en la vida de Dios. | 18'.
¿Quién es el ignorante que los opone? ¿Quién es el conocedor que los une? |
|||
19. Muchos espíritus débiles se paran en la muerte del Señor y no conciben claramente su resurrección gloriosa. Son sinceros, pero también son siniestros en extremo. | 19'. Debemos seguir al Señor más allá de la muerte sobre la cruz del mundo, hasta la resurrección gloriosa y hasta la coronación celeste. ¿Está claro? | |||
20. La humildad precede. | 20'. El triunfo sigue. | |||
21. La santidad prepara. | 21'. La sabiduría realiza. | |||
22. Las tinieblas incuban. | 22'. La luz brota. | |||
23. La muerte separa. | 23'. La resurrección reúne. | |||
24. El exilio nos instruye. | 24'. El retorno nos fija. | |||
25. Nadie puede ir a Dios sin renunciar voluntariamente a la parte del mundo mezclado que ha recibido en reparto. | 25'. El que no muere al mundo no puede resucitar en Dios, es la ley que zanja pero que no reparte. | |||
26. El misterio de Cristo es el misterio de Dios hecho hombre y el misterio del hombre rehecho Dios. | 26'. El que pretende llegar al secreto de la resurrección divina sin pasar por la muerte del mundo mixto se precipita hacia el crimen y el desastre irreparable. | |||
27. La vida del sabio sale de la muerte del santo como la vida de la mariposa sale de la muerte de la oruga, que se vuelve crisálida y, después, milagro de resurrección. | 27'. Igualmente, nuestras vidas volverán a salir del caos de la disolución tenebrosa, donde se renueva el divino misterio de la creación de Dios. ¡Que los que saben reflexionar examinen este espejo oscuro!(28) |
Morir al mundo es, como acabamos de leer, una condición
imprescindible para alcanzar la resurrección y con ella la
sabiduría hermética, pero nunca, como parece enseñar la
Iglesia actual, una finalidad en sí misma. Los versículos del
Mensaje Reencontrado que acabamos de citar dejan muy claro que
son dos operaciones que se necesitan. A ello se refieren las dos
manipulaciones básicas de la alquimia, la primera es la
disolución, en la que el oro divino enterrado en la materia vil
se desprende de su ganga, la segunda es la coagulación, en la
que el mismo oro se fija en su pureza convirtiéndose en cuerpo
de resurrección. Emmanuel d'Hooghvorst comenta al respecto:
"El Arte Hermético tiene por objeto la metamorfosis
completa del ser entero, alma, espíritu y cuerpo en una
indisoluble fusión que hace el milagro de una sola cosa, la
Piedra de los sabios. Provisto desde aquí abajo del cuerpo
glorioso de la Resurrección, el adepto que ha acabado la Gran
Obra puede salir de este mundo cuando le place sin pasar por
ninguna muerte, o si muere, resucita al tercer día".(29)
René Guénon consideraba que en la Iglesia actual "es
posible que se llegue, en el caso más favorable, a obtener
ciertos estados "místicos", o algo comparable a
éstos, pero no, ciertamente, a la restauración del "estado
primordial"".(30) Este es el misterio que encierran
todas las tradiciones auténticas: el hombre regenerado, que
triunfa sobre la muerte y vive por la eternidad de las
eternidades junto al Creador, después de pasar por la muerte en
el mundo. En la misa de difuntos, cuando en un momento del Dies
irae, se dice: "La muerte y la naturaleza, quedarán
estupefactos, cuando resuciten las criaturas".
En El Mensaje Reencontrado, en el versículo 30 del mismo libro
XXV, se explica por qué son necesarios estos dos pasos:
"Hemos abandonado la vida celeste atravesando las tinieblas
de la muerte. Es imposible alcanzar de nuevo la vida celeste sin
volver a atravesar las tinieblas de la muerte".(31)
Al igual que aquel que alcanza el estado de Buda, no tiene que
volver a la "instrucción del exilio", así mismo,
quien desprendido de la ganga de la muerte, llega a la
resurrección y ya no necesita volver a encarnarse. Tal es, sin
duda, la verdad del misterio hermético y de todo esoterismo, que
en El Mensaje Reencontrado está escrito sin rodeos y en
múltiples ocasiones, leamos, por ejemplo el versículo 49:
"La caída del hombre tiene una finalidad divinamente
elevada, que es la adquisición de un cuerpo bajo y su
glorificación en Dios", y en versículo 49' " Los que
predican el rechazo del cuerpo también pierden el espíritu y
tienen que volver a soportar la encarnación en unas tinieblas
todavía más opacas".(32)
El Mensaje Reencontrado habla directamente de lo esencial de la
Tradición. Pues, "Ahora pregonamos lo que antiguamente se
susurraba al oído, porque toda prudencia se ha vuelto inútil.
La ignorancia de los hombres en lo que concierne a las cosas
santas y sabias, ¿no ha llegado al colmo?"(33)
La perfección de las enseñanzas tradicionales se encuentra
cuando se une la disolución y la coagulación, pues, "es la
edad de oro -escribe Emmanuel d'Hooghvorst- madurada en un pote.
Los novios del Arte son pues como los dos sentidos, el solve y el
coagula leídos en uno solo. Sin química no se regenera el oro
vil".(34) Por ello podemos entender por qué el texto que
presentamos propone, en los versículos 40 y 40': "Cristo
está vivo y vuelve algunas veces sobre la tierra, pero pocos lo
ven, pocos lo reciben y pocos lo saborean en verdad. Revelación
increíble, que nos hace temblar de alegría y de
esperanza". "Los creyentes libres pueden recibirlo y
vivir, los demás se escandalizan y rechazan el don divino,
porque se han establecido en la muerte y han relegado la
actualidad del Señor al limbo del olvido".(35)
Cristo está vivo, si no se le encierra en la historia, en la
idolatría de las personas, ni en trascendencias de la nada. Y es
él quien nos puede ofrecer el don de nuestra salvación, lo que
en lenguaje hermético se denomina la primera materia, con la
cual se empieza la Gran Obra alquímica. Sin duda es una
"revelación increíble" que al creyente que escuche
las palabras del Libro, de cualquier libro revelado, "hace
temblar de alegría y de esperanza".
El libro XXV termina con la siguiente cita de Lao-Tse: "Sin
nombre, está en el origen del cielo y de la tierra; con un
nombre, es la madre de todos los seres". Sin nombre es la
primera materia, con nombre es la manifestación total del ser.
Dibujo de Louis Cattiaux sobre el misterio de la
crucifixión. La cruz representada nace sobre la calavera de
Adán, que simboliza el hombre viejo que será despertado por la
sangre nueva venida del cielo en sacrificio santo. La cruz está
representada como el árbol de vida del Paraíso, con siete
frutos solares a su derecha y siete lunares a su izquierda. A su
vez, la cruz está coronada por la luna y el sol, formando el
símbolo del mercurio filosófico, que es la unión en el hombre
de la parte física (la cruz), de la parte psíquica (la luna) y,
en medio, la parte espiritual (el sol). El "hombre
muerto" colgado de la cruz es sólo un perfil, que no oculta
la imagen del sol radiante que está detrás suyo.
Notas:
1 El Mensaje Reencontrado está compuesto por
cuarenta libros o capítulos. La primera edición completa se
publicó en 1956 en París. Existe una traducción en castellano
de la Editorial Sirio (Málaga, 1997) y se está preparando una
edición bilingüe en la Biblioteca La Puerta de Arola Editors,
que en breve estará a disposición del público. En este
artículo lo citaremos con las siglas MR, añadiendo el número
del libro y el del versículo correspondiente.
2 Florilegio epistotar, Arola Ed., Tarragona, 1999, p. 37.
3 El título complementario es VIT EN URÉE, que se podría
traducir como: "Vive en urea", quizá indicando el
lugar vil y despreciado donde primero se encuentra la Piedra.
4 A.-J. Pernety, Diccionario mito-hermético, Ed. Índigo,
Barcelona, 1993, p. 92.
5 F. Yates, en el siguiente fragmento describe los elementos
básicos que llegaron a confundir la ciencia hermética, con una
acumulación de conocimientos que se dio en Alejandría de la
época helenística, dice así: "Cuando Isaac Casaubo en
1619, sitúa [los textos del Corpus Hermetico] de una vez por
todas no como surgidos de la mano de un antiquísimo sacerdote
egipcio, sino como un texto escrito en tiempos postcristianos
[...], demolió de un sólo golpe toda la construcción
neoplatonica renacentista, en cuya base se hallaba el culto por
los prisci theologi, cuyo principal elemento era Hermes
Trismegisto. También arrasó por completo con la posición que
hasta entonces había venido ocupando el mago y la magia
renacentista y su relativa fundamentación
hermético-cabalística, que se apoyaba en la antigua filosofía
y cábala "egipcia". Derrumbó asimismo el movimiento
hermético cristiano, exento de implicaciones mágicas, que
había florecido a lo largo del siglo XVI. Derrumbo la posición
de un hermético extremista tal como Giordano Bruno, y sus
presupuestos acerca de un retorno a una mejor filosofía y a una
mejor religión mágica que siguiera las corrientes de la
tradición "egipcia", prejudaica y precristiana,
saltaron por los aires al descubrirse que los escritos del santo
y antiguo egipcio debían ser situadas cronológicamente, no
sólo en una época muy posterior a Moisés, sino incluso muy
posterior al propio Cristo. También cercenó por su base todas
las tentativas encaminadas a construir una teología natural
basada en el hermetismo." (Giordano Bruno y la tradición
hermética, Ed. Ariel, Barcelona, 1983, p. 452).
6 Cf. René Guénon, Formas tradicionales y ciclos cósmicos, Ed.
Obelisco, Barcelona, 1984, p. 101.
7 Tratado del fuego y la sal, Ed. Índigo, Barcelona, 1992, p.95.
Véase sobre este fragmento, Raimon Arola, Las estatuas vivas,
Ed. Obelisco, Barcelona, 1995, pp. 115-119.
8 Le Fil de Pénélope, Ed. La Table d'Émeraude, París, 1996,
vol. I, p. 72.
9 "Paracelso y la filosofía sutil" en La Puerta.
Alquimia, Ed. Obelisco, Barcelona, 1993, pp.53 y ss.
10 Aquarium des Sages, Ed. La Table d'Émeraude, París, 1989, p.
59.
11 A. Faivre, Présence d'Hermès Trismégiste, Ed. Albin Michel,
París, 1988, p. 9.
12 Hechos XVII, 3.
13 Corán XIX, 19. Respecto a la expresión "un hijo
puro", dice el Tafsir Nemuné, de Ayatollah Makarem
Shirasí, Editado en Qom - Irán por Dar ul-Kutub al-Islamiah, en
el año 1370 (1991)Tomo 13, pág.34: "un hijo puro desde el
punto de vista de su creación, de sus hábitos, de su cuerpo y
de su alma". y el Tafsir Al-Mizán de Allamah Tabatabai,
tomo 14, pág. 53 y 54, traducción del árabe al persa de Seied
Muhammad Baquer Musawí Hamadaní, dice: "y la palabra puro
(zakî) significa "toda cosa ejemplar y correcta o
adecuada".
Y en el apartado relativo a los hadices, pág 67 dice: "En
el libro Mayma ul-Baión se transmite que dijo el Imam Yafar
As-Sadiq (a.s.): "Él, es decir el ángel Gabriel, cogió el
cuello de la camisa de María y sopló en él. Con el aliento que
de él salió se formó en el vientre de su madre un niño
completo en el plazo de una hora, con la perfección que en el
vientre del resto de las mujeres necesita nueve meses para
completarse. Sí, en una hora se transformó en una mujer
embarazada y lista para el parto, de manera que cuando la hermana
de su madre la vio no la reconoció y María, sintiendo verguenza
de ella y de su marido Zacarías (padres de Juán el Bautista,
sobre ellos la paz), se alejó de su presencia.
14 Esoterismo cristiano, Ed. Obelisco, Barcelona, 1993, p. 14.
15 "Cartas a Goffredo Pistoni" en Symbolos nº 9-10.
16 "El rey Midas" en La Puerta. Textos alquímicos,
DIALTT, Barcelona, p. 21. El autor habla en pasado porque algunos
de estos ritos fueron transformadose a partir del último
concilio.
Louis Cattiaux escribe en una carta: "El rito de la
comunión se vuelve sacramental cuando se trata de la Piedra que
comunica así la divinidad en esencia y en sustancia. ¡Imagina
qué pocos hombres han recibido a Dios dentro de su propio
cuerpo!" (Florilegio..., cit., p. 59).
17 "Esoterismo cristiano en el primer siglo" en La
Puerta. Sobre esoterismo cristiano, Ed. Obelisco, Barcelona,
1990, p. 24.
18 MR XXV, 2 y 2'.
19 MR XXV, 6 y 6'.
20 MR XXV, 4 y 4'.
21 Doctrina, del latín docere, 'enseñar'.
22 Iconología, Ed. Akal, Madrid, 1987, vol. I, pp. 291-292.
23 Op. cit., vol. I, p. 45.
24 Viridarium chymicum, Ed. Muñoz Moya y Montraveta, Barcelona,
1986, p.87.
25 MR XXV, 17' y 17.
26 MR XXV, 47.
27 MR XXV, 47'.
28 MR XXV, 18-27'.
29 "Ensayo sobre el Arte de la Alquimia" en La Puerta.
Alquimia. Ed. Obelisco, Barcelona, 1993, p. 15.
30 "Cartas a Goffredo Pistoni", cit.
31 MR XXV, 30.
32 MR XXV, 49 y 49'.
33 MR XXV, 36.
34 Op. cit., vol. I, p. 81.
35 MR XXV, 40 y 40'.