DEL ASCENSO Y DESCENSO DEL INTELECTO |
El Libro del Ascenso y Descenso
del Entendimiento, de Ramón Llul (a quien creo no hace falta
presentar) va destinado, como él mismo dice, a los "...seglares,
que desando adquirir las ciencias, no pueden conseguirlo; porque
desde su juventud no las estudiaron, ni aprendieron sus propios
términos y principios...". Adoctrina sobre cómo se ha
de usar el entendimiento en el conocimiento de la naturaleza,
ascendiendo primero a lo superior y descendiendo luego a lo
inferior (recordar la Tabla....). La obra está dividida en diez
Distinciones, a saber: escalas del entendimiento, de la piedra,
de la llama, de la planta, del bruto, del hombre, del cielo, del
ángel, de Dios, y en la última de "las cuestiones que
se tratan...", explicitando que en ellas se cierra
"...cuanto tiene ser". Se reproduce a
continuación la Distinción II, que trata de la piedra,
recomendando la lectura de toda la obra. Hay una edición de
Orbis del año 85.
DISTINCION II: QUE TRATA DE LA PIEDRA DEL ACTO DE LA
PIEDRA
1. Hay cinco sentidos (como es notorio); éstos son la vista, el
oído, el olfato, el gusto y el tacto: a éstos añadimos otro
que nuevamente hemos conocido y descubierto, el cual es el afato,
y sin el cual no puede haber perfecta ciencia ni tenerse de las
cosas.
2. De los seis expresados sentidos, tiene los cuatro su propio
acto en la piedra, porque la vista la ve, el oído la oye, el
afato la nombra y el tacto la toca, no teniendo el gusto ni el
olfato actos semejantes en ella, respecto de no ser ente gustable
ni odorable.
3. Luego que los sentidos acaban la operación de sus actos en la
piedra, la imaginación abstrae de ellos las semejanzas que han
percibido de ella y las hace imaginables en su misma esencia y
naturaleza, las que después de imaginadas abstrae el
entendimiento de la imaginación, y en su esencia y naturaleza
las hace inteligibles o entendidas: en que se manifiesta el modo
que tiene el entendimiento para ascender de lo sensible a lo
inteligible, sin dudar ni creer, porque la experiencia no se lo
permite.
DE LA PASION DE LA PIEDRA
1. Es la piedra un ente pasivo, bajo del
sentido como queda dicho; pero no generalmente de todos ellos,
porque por no ser gustable, ni odorable, no pueden tener en ella
sus actos el gusto, ni el olfato.
2. Percibe la vista en la piedra color y figura,
y por medio de la misma potencia visiva, comprende el
entendimiento el color y la figura de la misma piedra, sin duda
ni credulidad, y sin que la imaginación tenga acción, porque la
presencia de la piedra y el acto actual de la potencia visiva no
lo permiten, como también, porque la imaginación no puede tener
acto sin especie: en lo que se manifiesta que el entendimiento
con solo el acto de la vista, y sin concurrencia de la
imaginación puede entender, como cualquiera puede experimentar
en sí mismo.
3. El hombre, cerrados los ojos, no ve la piedra,
pero la imaginación la imagina si antes por medio de la vista
recibió la especie; y así por medio de ella, y sin la vista en
acto actual, el entendimiento entiende que la piedra tiene color
y figura, y que la misma piedra tiene pasión bajo los actos de
la imaginación y del entendimiento, sin concurrencia de la vista
entonces, como cualquiera puede experimentar: de lo que el
entendimiento hace ciencia.
4. Tiene la piedra pasiones bajo las potencias
activa y auditiva, porque el afato la nombra hacienda de ella
unas veces sujeto y otras predicado: v.g.: diciendo, la piedra es
coloreada; el zafiro es piedra, y por el acto de oírlo la
potencia auditiva tiene también pasión en la piedra, y así la
piedra en un mismo instante es dos veces pasiva, cuyas pasiones
recoge la imaginación, y de ella el entendimiento, haciéndola
por este medio inteligibles; en que se manifiesta que la piedra
es paciente bajo el sentido de imaginación y el entendimiento.
5. El hombre que tiene en la mano una piedra
siente en ella pasiones por medio del tacto, que siente su
dureza, frialdad, peso, ligereza y aspereza sin sucesión. Estas
pasiones recoge del tacto la imaginación, pero no lo puede hacer
sin sucesión de tiempo, y lo mismo es del entendimiento, quien
sucesivamente las saca y recoge de la imaginación, por lo que
éste se admira de que siendo la imaginativa más noble potencia
que la sensitiva, y siendo él más que la sensitiva e
imaginativa, el tacto perciba sin sucesión muchas pasiones en la
piedra, y el mismo entendimiento y la imaginación no puedan
percibirlas, sino con ella y una después de otra. Pero
descendiendo a la potencia tactiva, considera que así como ella
a un mismo tiempo es general para percibir muchas pasiones, así
él y la imaginativa son generales para comprenderlas juntas,
cuando las tiene en hábito por medio del afato y el oído: pero
que por causa de que por ellos las perciben sucesivamente ni
pueden usar de ellas sin sucesión, si antecedentemente no las
tienen recogidas y habituadas; mas la potencia tactiva sin
sucesión las percibe, por no percibirlas mediante el afato,
oído y vista; y en este caso se manifiesta de qué modo el
entendimiento es práctico y general: práctico por la sucesión;
teórico y general por el hábito.
6. Vuelve a descender el entendimiento a la
piedra, y por medio del tacto e imaginación, considera que su
frialdad es una cualidad y su dureza otra, y que no siendo éstas
propias pasiones suyas, sino es apropiadas (por ser inseparables
del sujeto que las sustenta), conoce que en la piedra hay agua y
tierra, porque la frialdad es propia e inseparable cualidad del
agua, y la dureza de la tierra, y conoce también que en la
piedra están los elementos: pero la potencia sensitiva no puede
percibirlos si no es mediante el afato y el oído, pues aunque
por el tacto perciba frialdad, y dureza en la piedra, éstas no
son los elementos, sino es sus cualidades.
7. En tanto que el entendimiento por este medio
conoce que en la piedra están los elementos de agua y tierra, se
admira cómo no percibe el aire y el fuego, siendo así que la
piedra es un compuesto de los cuatro elementos, y entonces vuelve
a descender y por medio de la potencia visiva, que ve salir fuego
del pedernal herido con el hierro, alcanza que en la piedra hay
fuego y se mueve a inquirir de nuevo si en ella está el aire, y
percibiendo diafanidad por medio de la misma potencia en el
zafiro, esmeralda y rubí, y que cuando son intensos en el color,
colorean el aire, del cual es propio color, la diafanidad alcanza
que el aire está en la piedra y conoce también que lo que no
puede percibir por medio de un sentido particular, lo percibe por
medio de otro.
8. Es la piedra movible con movimiento violento y
natural: violento cuando se arroja con impulso al aire, y natural
cuando desciendo, pues entonces se mueve con su gravedad, cuyos
movimientos son sensible por la vista, imaginables por la
imaginación e inteligibles por el entendimiento, sin duda ni
credulidad, por causa de las sensuales experiencias.
9. En tanto que el entendimiento así las conoce,
considera dónde se coligen y caracterizan y halla que en el
sensible, que es propia pasión del sentido común, y extrínseca
de la esencia de al piedra, respecto de que ella por sí no
siente, sino que es sentida por otro, que no es de su esencia, y
distinguiéndose el sentido común esencialmente de la piedra, de
la imaginación y del entendimiento; y estando en él la potencia
sensitiva activa, con la cual como eficiente, obra y colige las
pasiones de la piedra, haciéndolas sensibles, se manifiesta que
lo sensible, lo sensitivo y el sentir son partes esenciales y
connaturales del sentido común, de las cuales consta está
constituida.
DE LA ACCION DE LA PIEDRA
1. Percibiendo el tacto la piedra fría, y
después caliente si se ha puesto al fuego, o calentado, por
medio de él la imaginación y el entendimiento conocen las
acciones de la piedra; pero éste se admira e inquiere dónde se
fue la frialdad que primera percibió en la piedra, y halla que
la frialdad que primero estaba en acto en ella, con el calor se
redujo en potencia y el calor que estaba en potencia en ella
misma quedó puesto en acto, y como la frialdad sea inseparable
del agua, que es su propio sujeto, y el calor del fuego, que
también lo es suyo, vuelve de nuevo a comprender y a cerciorarse
de que en la piedra están los elementos; mas de nuevo vuelve a
dudar si éstos están en la piedra en acto o en potencia, y
ayudándose con el sentido e imaginación, y con su propia razón
y naturaleza, conoce que necesariamente están los elementos
realmente en la piedra, pues de otra forma su frialdad, que
quedó reducida de acto en potencia cuando la piedra se calentó,
no volvería a recuperarse cuando se enfrió, por no tener sujeto
propio en que sustentarse, y así quedaría siempre reducida a la
potencia, respecto de que la cualidad activa existente en acto,
no podría sustentarse en un elemento existente sólo en
potencia.
2. Aplicado el jaspe a las venas abiertas las
restriñe y cierra, no dejando salir la sangre, d que tenemos
experiencia por la vista; cuyo acto representado de la potencia
sensitiva a la imaginativa, y de ésta al entendimiento, éste,
admirado de la causa de esta acción virtuosa, se vale de la
vista y tacto para hallar la razón y por la vista conoce que la
piedra es del género de la tierra, del cual también son los
nervios, de cuyo género son las venas; y por el tacto, que la
tierra es seca y fría, siendo la sangre caliente y
húmeda, y el jaspe intensamente seco y frío, con su frialdad
contradice al calor de la sangre y con su sequedad a su humedad,
por lo que el jaspe cierra las venas y la sangre se detiene y
retira, no osando salir por la parte que está el jaspe, por ser
su opuesto y enemigo.
3. El rubí es piedra que tiene el color rojo y
diáfano, y tiene virtud de alegrar el corazón del hombre que le
ve, pero no el de la gallina u otra ave, antes si ésta ve un
grano de trigo u otra simiente se alegra, no haciendo caso de la
piedra, y eligiendo el grano: lo que admira el entendimiento, por
haber creído que el objeto movía la potencia, lo que la vista
en este caso le manifiesta ser falso, pues si no lo fuese, la
vista del rubí causaría alegría al corazón de la gallina,
como la causa al del hombre; y experimentándose lo contrario
(pues eligiendo el grano no hace caso de la piedra), conoce el
entendimiento, que por razón del fin la potencia se mueve con el
objeto y que por esto el hombre con el fin de adquirir riquezas
se alegra objetando el rubí; y la gallina con el fin de vivir,
que para ella es el principal, se alegra obteniendo el grano de
trigo: y en este párrafo se manifiesta también de qué modo el
entendimiento asciende a adquirir las ciencias, no la gallina ni
otro animal.
4. El cristal es piedra que en el transcurso de
muchos siglos se formó del agua helada o congelada: éste,
puesto sobre el corro encarnado le recibe, y lo mismo sobre el
verde y otro cualquiera; coloreándose de los colores sobre que
se pone, lo que experimentamos por la potencia visiva; y en vista
de ello, pasa el entendimiento a inquirir cuya es aquella acción
en la recepción del color, s del cristal o del sujeto en que el
color se sustenta; y conoce que el color no deja el sujeto en que
está sustentado, por ser accidente inseparable de él; pero como
el cristal es diáfano mediante el aire recibe la semejanza del
color, inquiere además el entendimiento si el sujeto en que el
color se sustenta, influye por modo de acción la similitud del
color, o si el cristal la saca y atrae, y entonces se acuerda
haberse explicado en el capítulo de la pasión de la piedra, que
el sentido atrae las pasiones de ella, poniéndolas en su
sensible; en lo que conoce que el cristal tiene potencia activa,
atractiva y potencia pasiva en que recibe el color de que se
reviste y colorea; y conoce también que en el cristal hay
acción por su forma y pasión por su materia, de las cuales
está compuesto.
5. Ve la vista que el imán atrae al hierro, y
que el hierro tocado con él se vuelve y dirige a buscar el norte
o tramontana; de cuyas dos acciones desea saber la causa el
entendimiento; y halla que como el hierro es un cuerpo trabajando
y sacado artificialmente por el hombre por medio del fuego,
siendo su materia una piedra fría y húmeda, y el fuego para
atraerle, mortificó y despojó el agua de su cualidad y vigor,
la que con el apetito natural de poderla recobrar y sustentar,
apetece unirse al imán, que es cuerpo intensamente frío y
húmedo, atrayendo mediante este apetito el imán a sí al
hierro, como lo perfecto atrae a sí a lo imperfecto, para que
tenga en sí su quietud y descanso; del mismo modo se vuelve la
aguja tocada al imán a buscar el norte, porque como esta región
es fría y húmeda y el imán lo es también, apetece y se dirige
a ella como lo menos perfecto a lo más perfecto en su cualidad,
de forma que el imán atrae al hierro por tener en sí las
cualidades fría y humera (de que el hierro también participa),
más exaltadas y simples, y se deja atraer o dirigir de la
tramontana o septentrión por hallarse en esta región las mismas
cualidades más simples y activas que en el mismo imán.
DE LA NATURALEZA DE LA PIEDRA
1. En viendo el hombre la piedra conoce que
el color y la figura son sus accidentes, y viendo también que el
jaspe tiene virtud de restriñir la sangre, el zafiro de curar
los ojos, el imán de atraer el hierro; por medio de la
imaginación y el entendimiento, conoce que la piedra en general
tiene naturaleza, porque si no, al vista no pudiera percibir en
las antecedentes tan distintas acciones: mas,. No obstante, se
admira por no alcanzar en qué puede consistir que las expresadas
u otras piedras preciosas tenga mejores virtudes que las vulgares
o campestres, hasta que ayudado de su mismo entendimiento que es
potencia que usa de razón y reflecta sobre si, conoce que así
como el sentido común tiene naturaleza de juzgar de los objetos
de los sentidos particulares y de sus diferencias, así la piedra
tiene naturaleza en la cual y con la cual tiene muchas formas
específicas por medio de las cuales tiene su modo de obrar, y
así obra u opera por medio del jaspe con la forma específica de
restriñir la sangre; con la del zafiro, con la de sanar los
ojos; y con la del imán, con la de atraer el hierro y así de
las demás.
2. En tanto que el entendimiento así elevado
discurre sobre la naturaleza de las piedras y sus virtudes y de
dónde dimanan, considera que los cuerpos celestes son
principalmente las causas naturales de ellas, como Saturno, que
siendo seco y frío, efectivamente causa en el jaspe la misma
sequedad y frialdad, con las cuales tiene naturaleza de
restriñir la sangre, y así de las otras cosas semejantes a
éstas.
3. Vuelve a dudar el entendimiento cuál sea el
medio que entre el jaspe y Saturno esté separado del género de
sequedad y frialdad, y cree que este medio es natural bondad,
natural grandeza, y natural virtud, etc., de Saturno y del jaspe,
mediante las cuales Saturno influye en él la natural bondad,
natural grandeza y natural virtud de restriñir la sangre que
dejo expresada; y al causa de creer y no entenderlo bien es
porque de ello no tiene experiencia por los sentidos.
4. Teniendo el hombre en la mano una piedra
siente el tacto su frialdad, dureza y gravedad, y esto lo percibe
en instante el sentido común, pero la imaginación no puede
percibirlo sino sucesivamente y cada cosa de por sí, no el
entendimiento con ser potencia más perfecta, de lo que admirado
considera la naturaleza del tacto y de la piedra, y halla que la
piedra y el tacto tienen en un instante muchas acciones como
muchos actos él, la imaginación, el afato y el oído, aunque
todos sucesivos, y sin poder tenerlos en instante como e
tacto. De que admirando vuelve a bajar a lo sensible y conoce que
la piedra por el contacto está contigua con la mano, y que entre
la piedra y la mano hay un medio común, aunque confuso, el cual
ni es de la esencia de la piedra, ni de la mano, pero se
comunican por él, y por su contacto; en cuyo acto de parte del
tacto no hay sino un tocar o sentir indeterminado (confuso) y
compuesto de la frialdad, dureza y gravedad; por cuya
composición e indeterminación no puede la imaginación percibir
juntamente todas aquellas cosas (y lo mismo le sucede al
entendimiento), pues así como el punto es indivisible, lo es
también para el tacto aquel indeterminado medio, y por eso
percibe las cosas juntas; pero siendo éstas divisible a la
imaginación, ésta las distingue y percibe sucesiva y
distintamente, como también lo hace el entendimiento, afato y
oído, y en este lugar se manifiesta cómo para adquirir perfecto
conocimiento de las cosas confusas e indeterminadas se han de
distinguir y separar sus accidentes o cualidades.
5. Queda explicado cómo la piedra tiene actos,
pasiones y acciones naturales. En lo que el entendimiento conoce
que la piedra tiene naturaleza, sin la cual no podría tenerlas,
y por consecuencia conoce también que en la naturaleza de la
piedra hay movimiento, sin el cual no podría tener actos,
pasiones, ni acciones naturales. Pero no obstante, inquiere
dónde percibe aquel movimiento, si intrínseca o
extrínsecamente en la piedra o en otra cosa: y descendiendo al
tacto, halla que el agua tiene acción, pues enfría la mano, y
también la tierra, pues con su gravedad y peso la ofende, y así
de los demás elementos; y asimismo halla que el jaspe mueve la
sangre para que huya y se retire de él, y que el imán mueve al
hierro atrayéndole, y la gravedad a la piedra para que
descienda: en todo lo cual conoce que en la piedra hay propio
natural movimiento por el cual tiene en sí natural movente,
natural movible y natural mover; esto es una simple naturaleza,
natural virtud activa, natural virtud pasiva y natural virtud
conexiva, sin los cuales no pudiera moverse a los referidos
actos, pasiones y acciones.
DE LA SUSTANCIA Y ACCIDENTE DE LA PIEDRA
1. Ve el hombre la piedra coloreada y figurada, y
el entendimiento sin el acto de la imaginación conoce estos
accidentes sustentados en la piedra y cerrado después los ojos,
por medio del acto de la imaginación, entiende los mismos
accidentes; en lo que se manifiesta que el entendimiento puede
entender por medio de la imaginación y puede entender sin ella,
sólo por medio de los sentidos.
2. Después que el entendimiento ha alcanzado y
entendido todo esto vuelve a descender a los sentidos por medio
del oído, que oye decir al afato que ningún accidente existe
por sí, sino por la sustancia, conoce que la piedra es
sustancia, y que la proposición que el afato pronuncia diciendo,
ningún accidente existe sin sustancia, es tan verdadera como
decir el hombre es animal; y conoce también que los antiguos y
modernos filósofos han hecho al afato una gran injuria por no
haberle reconocido por uno de los sentidos, siendo él tan
necesario, y aún más para adquirir las ciencias que los otros
sentidos, porque privado el afato se privaría la locución, con
lo que no pudiera el oído causar la ciencia oyendo, y sin la
ciencia no tendríamos noticia de las cosas pasadas, ni futuras,
ni de Dios glorioso, pues solamente tendríamos noticia de lo
presente.
3. El que tiene una piedra cristalina en la mano
percibe por el tacto su frialdad y dureza, que son sus
accidentes, los que conoce el entendimiento que se distinguen en
especie, y porque le es notorio que los accidentes no existen sin
la sustancia, entiende que la piedra es una sustancia en que los
accidentes se sustentan, y por ello pasa a conocer también que
en la piedra hay más de una sustancia, pues distinguiéndose en
ella la frialdad y al dureza, y pronunciando el afato que la
frialdad es propia pasión del agua y su accidente inseparable, y
que la dureza es propia pasión de la tierra y su accidente
inseparable, es preciso que en la piedra existan el agua y la
tierra; y por medio de la vista alcanza también que existen en
la misma piedra el aire y el fuego, pues la diafanidad que ésta
ve en el cristal es propia pasión del aire, y la lucidez que hay
en el mismo lo es del fuego, y así por medio de la vista conoce
el entendimiento existir en el cristal los elementos de fuego y
aire, y por medio del tacto los de agua y tierra.
4. No obstante esto, le queda al entendimiento
alguna duda porque como la vista no ve en la piedra si no es una
figura y un sujeto revestido de color y el tacto no toca si no es
aquel mismo sujeto, no puede persuadirse que en la piedra haya
cuatro sustancias diferentes, hasta que ayudándose con la
memoria su hermana (que es el archivo de las especies que él
adquiere), conoce y se cerciora de que la piedra es compuesta de
cuatro sustancias, las que aunque no puede ver la vista por ser
invisibles, ni tocar el tacto por ser intangibles, las puede
nombrar el afato, y oír el oído, como antecedentemente queda
explicado.
5. Aún duda el entendimiento considerando que si
e fuego estuviera actual y sustancialmente en la piedra la
quemara; cuya duda le ocasiona la vista cuando ve que el fuego
que sale de la piedra quema el leño y las demás cosas a que se
aplica, y derrite y funde el oro y demás metales; pero por medio
de la misma vista sale de la duda considerando que el fuego no
quema la olla o vaso puesto sobre las brasas encendidas si está
lleno de agua, a causa de que el agua con su natural frialdad
resiste a la acción del fuego; y el afato ayuda al entendimiento
para salir de esta duda y comprender la verdad, diciendo: El
fuego no quema sino mediante la llama existente en acto; en la
piedra no está la llama en acto, sino en potencia; luego el
fuego no puede quemar la piedra.
6. Cae el entendimiento en otra duda considerando
que así como muchos cuerpos no pueden a un tiempo estar en un
cuerpo, de modo que el uno exista en el otro; así muchas
sustancias no pueden a un tiempo estar en una, como es la piedra:
pero ayudándose con el afato, oído y vista, alcanza y comprende
la verdad porque el afato dice que si se hace un triángulo de
plata que tenga los tres ángulos agudos, y un cuadrángulo de
oro que tenga los cuatro ángulos rectos, en tanto que estas dos
figuras existan no se puede de ellas formar una por no permitirlo
su situación, habituación y número; pero que si se ponen en un
vaso al fuego, éste las funde, derrite y separa; y deshace los
ángulos, habitudes, números y situaciones que las componían,
mezclando la plata y el oro sin destruir las esencias d estos
metales, pero sí las dichas figuras; y que así de un modo en
algo semejante obra el agente natural o Dios, poniendo por modo
de misión en una piedra muchas sustancias, apartando de cada una
su situación, habituación y figuración, y no sus naturales
esencias, ni propias pasiones; y de esta forma por lo que el
afato dice, oye el oído y ve la vista, sale el entendimiento de
su duda, y queda quieta y asertivo; y nosotros hemos dado
bastante doctrina y ejemplos, con los que hemos puesto, no sólo
para hacer objeciones, sino es para dar las correspondientes
soluciones a estos y otros argumentos, en éstos y otros asuntos.
DE LA SIMPLICIDAD Y COMPOSICION DE LA PIEDRA
1. Teniendo el hombre una piedra en la mano la ve
simple en número, aunque contiene en sí muchas simplicidades,
como son el color y la figura que se distinguen en especie, lo
que pronuncia el afato, lo oye el oído y la vista lo percibe, en
lo que el entendimiento conoce muchas cosas simples diferentes en
número.
2. Ve la vista que si se mezclan una cosa blanca
o coloreada de la blancura (como la cal), y una negra o coloreada
de la negrura (como el carbón), resulta u color medio compuesto
de ambos y porque en realidad es esto así, y el afato en
realidad lo pronuncia, el oído lo oye, la imaginación y el
entendimiento lo perciben; y est tránsito y paso de lo sensible
a l imaginable e inteligible es lo que llamamos ascenso del
entendimiento.
3. Teniendo el hombre en la mano un pedazo de
cristal, siente por el tacto que esta piedra es fría y dura, y
así percibe unas simples formas; y en tanto que el entendimiento
considera que éstas no pueden existir sin sustancia, percibe las
simples sustancias, en que están sustentadas estas accidentales
formas, esto es, la frialdad en el agua y al dureza en la tierra,
en lo que conoce que están allí el agua y la tierra y en la
diafanidad de la misma piedra, que está allí el aire, y en la
lucidez, que está allí también el fuego, por ser cualidades
propias e inseparable de estos elementos.
4. Conocidas de este modo por el entendimiento
las simples sustancias, desciende el tacto, el cual percibe la
composición de las mismas sustancias, por sentir en instante sus
cualidades, aunque se admira, por ignorar el como existen, hasta
que por medio del oído oye del afato estas verdaderas palabras:
el fuego calienta al aire dándole su calidez, la que no se
separa de su propio sujeto, y así cuando la calidez entra en el
aire, entra también el mismo fuego; y lo mismo es del aire que
humedece el agua, y del agua que de su frialdad enfría a la
tierra, y de la tierra que de su sequedad habitúa y viste al
fuego; y por esta circulación entran en mixión los elementos, y
componen la misma piedra.
5. Conoce el entendimiento que en el fuego y en
los demás elementos ha y una sustancia simple, en cuanto (por
ejemplo) la sustancia del fuego por su esencia está exenta de
todo accidente, pero compuesta de su propia forma y propia
materia; y así de los demás elementos.
6. Aún duda el entendimiento el modo como la
piedra está compuesta de dichas sustancias y accidentes , por lo
que recurre al afato, el que verdaderamente dice que los cuatro
elementos componiéndose entre sí mismos, componen la sustancia
de la piedra, y su composición causa la composición de los
accidentes de la piedra, y de esta suerte la piedra es un cuerpo
compuesto de sustancia y accidentes.
7. Duda además el entendimiento si en la misma
piedra están las sustancias simples existentes por sí, como el
fuego simple, el aire simple, el agua simple y la tierra simple,
y el afato por medio del oído le saca de la duda, publicando que
si porque según su ser no incluyen accidentes, y por su esencia
están desnudos de ellos, llamando a estas simples sustancias,
sustancias primeras, las que según su ser no son visibles ni
palpables, sino es afables, oíbles e imaginables indeterminada y
confusamente, pero inteligibles por el entendimiento, con
distinción y claridad.
8. Considera además el entendimiento que la
piedra es sustancia que no existe por sí sola en su simplicidad
por no poder existir sin accidentes, y luego el afato llama a
esta sustancia segunda, por ser compuesta de sustancias y
accidentes y más inmediata a la vista y al tacto que la primera
(y por esto ésta se toca y ve, y aquélla no), y la imaginación
comprende más ésta que aquélla y también el entendimiento.
DE LA INDIVIDUALIDAD DE LA PIEDRA
1. El que tiene en la mano una piedra cristalina,
la ve coloreada y figurada, lo que el afato publica y oye el
oído, y teniendo los ojos abiertos, la entiende sin imaginarla,
y así el afato, oído y entendimiento, según su ciencia,
individúan esta piedra con este pronombre ésta, en lo que el
entendimiento conoce que la piedra está individuada por ellos y
por él; pero se admira e inquiere la causa de la natural
individuación de la misma piedra, y ayudándose de la memoria,
su hermana (de la cual se sirve para memorar él; como el afato
el oído para oír), se acuerda del capítulo de la simplicidad y
composición de la piedra, en donde se dice que las segundas
sustancias no existen simplemente por sí solas, por estar
compuestas de las sustancias simples, y de sus propios
accidentes, por los que naturalmente se individúan; pero aún
duda e inquiere cuál es la causa o causas de la individuación
de las simples sustancias y accidentes de que está compuesta la
piedra y cree que el agente natural o Dios son las causas;
creyéndolo solamente sin entenderlo, porque las causas de la
individuación de los entes son insensibles e inimaginables, en
lo que se manifiesta el modo que tiene el entendimiento de
ascender al grado de la credulidad.
2. Teniendo el hombre en la mano una piedra
cristalina ve que es un cuerpo diáfano, y que de ella se saca
fuego, por lo que el afato pronuncia que donde hay diafanidad
necesariamente hay aire; y que donde hay lucidez necesariamente
hay fuego; y por cuanto es verdad lo que dice el afato, oye el
oído y ve la vista, en este caso conoce el entendimiento que en
la piedra hay dos sustancias individuadas en especia distintas,
que son el fuego y el aire.
3. Siente el tacto en la piedra frialdad y
dureza, por lo que pronuncia el afato que en la piedra hay agua
existente, por ser la frialdad su accidente inseparable y
sintiendo también dureza, dice que en aquella piedra hay tierra,
por ser la dureza accidente inseparable de la tierra y respecto
de ser verdad lo que el afato dice, oye el oído y toca el tacto,
conoce el entendimiento que en dicha piedra están también
individuadas las dos sustancias de agua y tierra.
4. En tanto que el entendimiento considera de
esta suerte y entiende que en la piedra están individualizadas
las cuatro expresadas sustancias; conoce también que de ellas
está compuesta, e individualizada la misma piedra con los mismos
accidentes individualizados y sustentados en ella, como son su
propia cantidad, calidad, relación, acción, pasión,
habituación, situación y lugar; respecto de estar colocada y
temporificada, por ser movible y haber tenido principio.
DE LA ESPECIE DE LA PIEDRA
1. Considera el entendimiento en la piedra
dos géneros de especies, es a saber, reales e intencionales; de
este modo, el hombre, teniendo una piedra cristalina en la mano,
ve que aquella y otra u otras piedras cristalinas están
contenidas bajo una misma especie; esto la potencia visiva lo ve,
el afato lo dice, el oído lo oye y la imaginación lo imagina,
todos con realidad y verdad; por lo que con la misma ascienda el
entendimiento a comprender las especies de las piedras reales e
intencionales, y mediante las intencionales adquiere ciencia de
unas y otras.
2. Percibe el tacto la frialdad de una piedra
cristalina, la potencia visiva ve al mismo tiempo otra piedra
cristalina separada de aquélla, y ve otra piedra marmórea
separada de las dos, y tocándolas el hombre a un mismo tiempo o
tomándolas en las manos siente en ellas dos frialdades
diferentes en número, las que juzga estar contenidas bajo una
misma especie; pero la potencia visiva que ve en ellas tan
distintos colores y figuras, las distingue y diferencia,
percibiendo ser la una mármol y la otra cristal, y respecto de
que estas dos potencias verdaderamente han juzgado (porque el
tacto también verdaderamente percibió las dos especias de
frialdad o una frialdad distinguida en dos especies, esto es, en
las distintas piedras), el afato verdaderamente lo publica, el
oído lo oye y la imaginación lo imagina, y el entendimiento,
conducido de otras estas verdades que percibe por los sentidos e
imaginación, conoce las distintas especies de las piedras y de
ello adquiere verdadera y segura ciencia.
3. Ve la potencia visiva que el imán atrae al
hierro, y que la esmeralda (que tiene el color intenso) reviste o
colora de su propio color al aire; por lo que el afato pronuncia
que el aire es un elemento receptivo del color que se le aplica,
y el afato llama aquel color especie de la piedra por ser su
semejanza, de lo que ascienda a tener conocimiento el
entendimiento por medio del afato, oído, vista e imaginación;
mas se admira de que el imán no preste o dé color al aire que
está en medio de el y del hierro; lo que le hace creer que entre
el hierro y el imán no hay especia por medio de la cual éste
atraiga a aquél; pero descendiendo a la potencia visiva
experimenta lo contrario, y el afato pronuncia que el imán sin
especie no pudiera atraer al hierro, lo que obliga al
entendimiento a volver a descender a la potencia visiva, y por
ella sale de la duda, advirtiendo que el imán y el hierro son
cuerpos opacos, y no diáfanos y que por esto no pueden colorear
el aire, en lo que llega a conocer que entre el hierro y el imán
hay especie; pero que ésta es invisible e imperceptible a la
vista, pero perceptible al oído por medio del afato.
4. Percibe el tacto la frialdad, dureza y
gravedad de la piedra; por lo que el afato pronuncia, el oído
oye y la imaginación imagina que entre la piedra y el tacto hay
un por medio, el cual percibe estos accidentes y que éste es
especie; lo que verdaderamente mediante ellos comprende el
entendimiento, y adquiere de ello verdadera y cierta ciencia.
DEL GENERO DE LA PIEDRA
1. Teniendo el hombre en la mano una piedra
cristalina, la potencia visiva ve que la misma piedra, y otra
cualquiera piedra campestre o mineral, convienen en un género,
porque cada una es un cuerpo de piedra, de suerte que cuando el
afato absolutamente sin añadir algún signo particular o
pronombre demostrativo nombra piedra, el oído oye piedra, y así
entrambos hacen de ella género el que la imaginación imagina y
el entendimiento entiende; pero como es invisible, se admira no
pudiendo comprender dónde existe y está colocado, hasta que
recuerda lo que se ha dicho en los capítulos de la especie,
individualidad, simplicidad y composición de la misma piedra, y
entonces el afato dice que el género existe tan realmente en las
distintas especias de las piedras como las especies realmente
existen de sus individuos; conociendo entonces el entendimiento
que el afato pronuncia la verdad: en lo que se manifiesta que el
afato participa más con el entendimiento que cualquier otro
sentido por cuya razón es más alto y más noble que los demás
sentidos.
2. La potencia tactiva toca en un tiempo una
piedra y en otro otra, y sucesivamente muchas, percibiendo en
todas una cualidades generales, como son: pesadez, dureza y
frialdad, y entonces dice el afato que estas cualidades generales
son en la piedra diferentes en número una de otras, las que el
oído verdaderamente oye y la imaginación verdaderamente
imagina; de donde ascienda el entendimiento a conocer las
generales pasiones de al piedra, sustentadas en un mismo sujeto;
pero se admira y duda dónde existe aquel sujeto general
invisible, hasta que memorando los capítulos próximamente
citados, pronuncia el afato que este género, por modo de ciencia
existe en el mismo entendimiento, por modo de voz en el mismo
afato, en el oído por modo de acto y por consiguiente en la
imaginación.
DE LA ENTIDAD DE LA PIEDRA
1. La potencia visiva ve que la piedra es
un ente revestido de color y de figura el tacto que la toca
siente que es un ente frío y pesado; en lo que conoce el
entendimiento que la piedra es un ente natural, por que lo dice
al afato, lo oye el oído, y la imaginación lo imagina.
2. En tanto que de esta suerte considera e
entendimiento que la piedra es un ente natural, considera
también que en ella hay ente sustancial y accidental, como
largamente queda dicho en el capítulo de la simplicidad y
composición de la piedra, y el mismo entendimiento compone este
mismo ente, que es la piedra de sustancia y accidente y considera
que en ella es un ente corpóreo compuesto de ente sustancial y
accidental, y el afato lo nombra ente corpóreo, como queda dicho
en el expresado capítulo.
3. La potencia visiva ve esta piedra cristalina
que es un ente, y la tactiva la toca, y entonces el afato afirma
que esta piedra es un ente, y no es el ente de otra piedra
cristalina, ni es el ente de otra piedra de mármol, ni menos es
el ente de aquella planta; y entonces considera el entendimiento
en cuál de estas cosas que el afato ha pronunciado ha dicho
mayor verdad, si en las que afirma, o en las que niega; y
descendiendo al tacto que en la piedra toca pesadez y frialdad, y
no en las otras cosas: conoce que al afato es más verdadero en
lo que afirma que en lo que niega.
4. Vuelve a pronunciar el afato que esta piedra
cristalina no es aquella otra piedra cristalina, ni aquella otra
piedra de mármol, ni menos es aquella planta; y entonces
considera en cuál de estas negaciones es el afato más
verdadero; y descendiendo a la potencia visiva, por medio de ella
alcanza y conoce que esta piedra cristalina no es aquella otra
piedra cristalina, lo que es verdad; pero que lo es mayor cuando
dice que esta piedra cristalina no es aquella piedra marmórea,
porque la cristalina y al de mármol difieren en especie, y las
dos cristalinas no; en lo que se manifiesta el superior modo que
tiene el entendimiento para conocer los entes naturales más por
la afirmación que por la negación, y más por una negación que
por otra negación.
5. Estando así el entendimiento elevado en el
conocimiento del ente natural, considera e inquiere si en la
piedra se convierten el ente y la entidad, y descendiendo a lo
sensible, halla que la vista ve la piedra coloreada y que el
tacto la toca fría y pesada, sin que por tanto pueda percibir
que la piedreidad o esencia de la piedra sea coloreada, ni fría;
y entonces el afato pronuncia que en la piedra el ser y la
esencia no son una misma cosa, lo que entiende el entendimiento.
6. Estando éste satisfecho de su ascenso al
conocimiento de la piedra por medio de aquellas cosas que le son
naturales, desea alcanzar el conocimiento del ente metafísico, y
descendiendo a lo sensible, conoce que por los sentidos ni por la
imaginación no puede alcanzarle, por ser insensible e
inimaginable, y sólo propio del mismo entendimiento (como
potencia más noble en poder y virtud), ascender al conocimiento
de que el ente metafísico tiene ser, pero dudando si su ser es
ente real, o si sólo le tiene en el alma, desciende para más
poder ascender, y acordándose de los capítulos en que e trata
de la sustancia y accidente, de la simplicidad y composición, y
de la especie y el género de la piedra; y ayudándose del oído,
pronuncia el afato que así como el cuerpo natural y real es
compuesto de sustancia y accidente, así el ente metafísico es
un ente real que existe por el mismo entendimiento sobre la
sustancia y accidente y así en cuanto asimismo es natural y
superior, como el cuerpo natural compuesto de sustancia y
accidente, lo es sobre las cosas de que se compone y se dice que
es ente natural, porque es compuesto de su simple forma y
materia, y en cuanto a su esencia esta desnudo de todo accidente,
por cuya razón se le nombra ente metafísico separado de la
naturaleza del cuerpo.
7. Percibiendo el entendimiento mediante el oído
lo que pronuncia el afato, duda si es discurso verdadero o no, y
volviendo a descender a la vista, oído e imaginación, vuelve a
hallar que éstos no pueden ascender a tener por objeto la ente
metafísico ni a darle noticia alguna de él; pero al mismo
tiempo halla también que no se la pueden dar ni informarle de
nada en contrario, ni que repugne a lo que el afato ha proferido;
en lo que conoce que el afato ha dicho la verdad, y de ella saca
el entendimiento especies abstractas del ente metafísico, con
las cuales le conoce y hace de él real ciencia.
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